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Succionador de clítoris: un juguete para mujeres

El succionador de clítoris (Satisfayer Pro 2) es un juguete sexual para mujeres y es considerado por muchas el mejor de la historia. No se trata del clásico juguete con forma de pene, de hecho por su forma se parece más a un limpiador facial o una especie de mini secador de pelo que a un clásico vibrador. Si no lo conoces, ¡continúa leyendo! Créeme, puede ayudarte a amenizar y mejorar tu vida sexual.

Juguete para usar sola o en pareja

El succionador de clítoris lo puedes utilizar sola o en pareja, como prefieras. Te ayuda a potenciar las sensaciones sexuales cuando te masturbas y también cuando mantienes relaciones sexuales en pareja, trío o lo que sea (a cada una le gusta lo que le gusta).

Este juguete de última generación con función de succión, emula el sexo oral en la zona clitorial, esa maravillosa zona que nos catapulta hasta el orgasmo. Lo puedes utilizar como algo lúdico y erótico y también lo puedes usar con fines terapéuticos si tienes poca sensibilidad a nivel genital (sobre todo en el clítoris), si te cuesta alcanzar orgasmos, los tienes de un modo muy débil o apenas logras alcanzarlos.

Desterremos mitos

Los juguetes sexuales sirven para pasárselo bien, para disfrutar. Utilizarlos no es motivo de vergüenza, escándalo o fechoría, por favor, normalicemos su uso. El Satisfyer, como cualquier otro juguete sexual femenino, sirve para enriquecer la vida sexual de la mujer, ya sea en solitario o en pareja. No se trata de un artefacto que sustituya a personas aunque por los mundos de Google o incluso a pie de calle se pueden leer o escuchar tonterías como:

«Renuncia a los hombres (o mujeres) con el Satisfyer».

«Horrible. Producto nefasto. Destruye familias. Mi mujer ni me mira.» Reseña de Amazon.

Bromas a parte, aún hoy hay personas que ven los juguetes sexuales como competencia, y no se dan cuenta de que son unos magníficos COMPLEMENTOS. Sin olvidarnos tampoco de los seres de luz que creen que los juguetes sexuales son solo para mujeres insatisfechas.

¿Cómo se utiliza este juguete?

Lo recomendable es que antes de usarlo estés excitada porque si no la estimulación puede resultarte molesta. Una vez animada, separa un poco los labios de la vulva y coloca el cabezal de silicona justo encima del clítoris. A continuación, presiona ligeramente, de modo que el clítoris quede dentro del agujero del juguete. Cuando hayas encontrado la posición ideal, lo único que tendrás que hacer será disfrutar mientras aumentas la intensidad a tu gusto. Si lo deseas, puedes utilizar un lubricante aunque no es necesario ya que durante la estimulación no hay fricción.

Hazte un regalo, te lo mereces y lo sabes ;

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Salud mental, ansiedad y depresión | Psicólogo Lugo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que dentro de 10 años la principal causa de discapacidad serán los problemas relacionados con la salud mental.

A día de hoy, los trastornos por ansiedad y por depresión ya son un serio problema:

  • Más de 260 millones de personas en todo el mundo tienen trastornos de ansiedad.
  • Más de 300 millones de personas sufren depresión.
  • Alrededor de 1 millón de personas se suicidan cada año.

Ansiedad y depresión

Los problemas más frecuentes que veo en mi consulta están relacionados con la ansiedad y esto no se reduce solo a Lugo. El Consejo General de Psicología de España estima que:

  • 9 de cada 10 españoles/as padecieron algún episodio o problema de ansiedad durante el año 2017.
  • En 4 de cada 10 personas la ansiedad ha estado presente de manera frecuente o continuada.

Ojo, los problemas de ansiedad y la depresión no son un invento de la sociedad actual. Desde hace millones de años existen fuentes potenciales de angustia, preocupación o tormento para el hombre y la mujer, como el sentido de la vida y la muerte. A lo largo de los siglos se pueden identificar muchas otras amenazas generadoras de desasosiego: salud, propiedades, libertad personal, ingresos, valores, autoestima… Muchas de ellas continúan siéndolo actualmente, con la diferencia de que ahora vivimos en una sociedad «blandita y cómoda» que busca genéricamente el bienestar, una especie de dictadura de la felicidad donde el malestar no se tolera.

Y no nos olvidemos de la tiranía de la inmediatez: «lo quiero aquí y ahora». Esta especie de necesidad enfermiza por lo rápido, de usar y tirar, que no solo se observa en el consumo (comida, ropa, comunicaciones…), sino también en las relaciones personales. Estamos desarrollado un individualismo de niveles superlativos y, a pesar de estar más conectados/as que nunca, la sensación de soledad es aplastante.

La atención a la enfermedad mental actualmente es infinitamente mejor que en cualquier otra época histórica y, sin embargo, los problemas relacionados con la salud mental no dejan de crecer. ¿Será que el modelo de vida existente facilita que los problemas de ansiedad y/o depresión lleguen y se instalen en nosotros/as?

Bibliografía

Organización Mundial de la Salud (2013). Salud mental: un estado de bienestar.

who.int/mental_health/es/

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Suerte | Psicólogo Lugo

¿Qué es tener buena suerte?

Hoy te traigo una breve historia de tradición taoísta. Espero que te haga reflexionar sobre cómo interpretamos las circunstancias que vivimos en nuestro día a día y sobre cómo en determinadas situaciones la lectura que hacemos de los acontecimientos suele ser parcial y limitada, impidiéndonos ver las consecuencias positivas que pueden traer a medio o largo plazo.

La realidad sobre la buena suerte

La historia dice así:

Un anciano labrador, viudo y pobre, vivía con su hijo en una humilde casa. Tenían también un viejo establo en el que guardaban a su único caballo que tanto les ayudaba para cultivar el campo.

Una noche, el caballo se escapó del establo y por mucho que lo buscaron, no lo encontraron. Cuando los/as vecinos/as se enteraron de la noticia, fueron a visitar al anciano para darle las condolencias y lamentar su desgracia. Pero el labrador solo les dijo: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y los/as vecinos/as no lo entendieron.

Una semana después, el caballo regresó al establo trayendo consigo una yegua salvaje en edad de procrear. Los/as vecinos/as fueron de nuevo a visitar al anciano campesino, pero esta vez para felicitarle por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Los/as vecinos/as pensaron que el anciano había perdido el juicio ya que era indudable que recuperar el caballo y tener a mayores una yegua, de repente y por azar, era una grandísima suerte.

Al día siguiente cuando el hijo del labrador intentó domar a la yegua, se cayó al suelo y se rompió una pierna. Los/as vecinos/as consideraron esto como una desgracia, pero no el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y los/as vecinos/as ya no supieron qué responder.

Una semana más tarde, el ejército llegó a la aldea para reclutar a todos los jóvenes que se encontraran en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, no se lo llevaron. Los/as vecino/as que quedaron en la aldea, padres, madres, abuelos y abuelas de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia un peligroso combate. A lo que el longevo sabio respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”.

Reflexión

Nos encanta ponerle etiquetas a todo y con demasiada frecuencia se nos olvida que la actitud con la que decidimos enfrentarnos a la vida solo depende de nosotros/as.

Tenemos la tendencia a clasificar las situaciones como positivas o negativas, buenas o malas, pero se nos olvida que las situaciones por si mismas no tienen ningún signo. A veces, lo que inicialmente nos parece una gran suerte termina convirtiéndose en una pesadilla, y lo mismo sucede al revés. Lo que en un principio puede parecernos un gran revés de la vida puede abrirnos puertas a experiencias que, con el paso del tiempo, agradeceremos. 

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Trastorno bipolar | Psicólogo Lugo

El trastorno bipolar es un trastorno mental crónico y recurrente caracterizado por alteraciones patológicas del estado del ánimo. Las fases de la enfermedad, como veremos a continuación, incluyen episodios hipomaníacos, maníacos y/o depresivos.

Según la OMS, el 3% de la población mundial (unas 350 millones de personas en todo el mundo) tienen trastorno bipolar. Suele diagnosticarse a finales de la adolescencia o inicio de la edad adulta, aunque a veces se tarda algo más porque se confunde con la depresión.

Trastorno bipolar tipo I

El paciente presenta, al menos, un episodio maníaco. No es necesario que exista un episodio de depresión o de hipomanía, sin embargo, es habitual que la persona lo haya experimentado anteriormente o llegue a padecerlo en el futuro.

Trastorno bipolar tipo II

Se caracteriza por la presencia de uno o varios episodios hipomaníacos y uno o varios episodios de depresión que preceden o prosiguen a los episodios hipomaníacos. Es decir, el paciente ha tenido al menos, un episodio depresivo mayor y, como mínimo, un episodio hipomaníaco, pero nunca manía.

Episodios:

Episodio maníaco

El estado de ánimo está anormalmente y persistentemente elevado, expansivo o irritable, con un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía que dura como mínimo una semana. Esta alteración del estado del ánimo causa un deterioro importante en el funcionamiento social o laboral y puede ser necesaria la hospitalización.

Los síntomas más habituales son:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Hablar más de lo habitual.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Facilidad de distracción.
  • Aumento de la actividad o agitación psicomotora.
  • Participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias dolorosas. Por ejemplo: compras descontroladas, relaciones sexuales de riesgo o inversiones de dinero imprudentes.

Episodio de hipomanía

La diferencia principal entre la manía y la hipomanía es la severidad de los síntomas.

En la hipomanía el estado de ánimo está elevado, con un aumento visible y persistente de la energía. Esto provoca un cambio importante del comportamiento habitual, pero no impacta significativamente en la funcionalidad de la persona, no incluye síntomas psicóticos y no requiere hospitalización. Este aumento de energía (durante al menos cuatro días) se caracteriza por:

  • Aumento de la autoestima y sentimientos de grandeza.
  • Aun si hay cansancio, existe una poca o baja necesidad de dormir.
  • Mayor necesidad de hablar o de mantener la conversación.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Gran facilidad para distraerse.
  • Agitación psicomotora exacerbada.
  • Interés excesivo por actividades que con mucha probabilidad causarán malestar. Por ejemplo: hacer compras de manera repentina e imprudente.

Episodio de depresión

Los síntomas son los mismos que los que se presentan en un trastorno depresivo mayor, están presentes al menos durante dos semanas y provocan malestar clínicamente significativo o deterioro en las áreas sociales, ocupacionales, u otras importantes del funcionamiento de la persona

  • Tristeza.
  • Pérdida de interés o placer en todas o casi todas las actividades.
  • Pérdida de peso significativa (sin hacer dieta) o ganancia de peso o disminución o aumento del apetito.
  • Alteraciones en el sueño: insomnio o hipersomnia.
  • Agitación o enlentecimiento psicomotor.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados.
  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse o indecisión.
  • Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida o tentativa de suicidio.

Incomprensión del trastorno bipolar

«Mi pareja está riéndose y a los 5 minutos está llorando, es bipolar fijo».

«Mi madre debe ser bipolar, por la mañana está muy tranquila y por la tarde no hay quién la aguante».

«Mi amigo pasa de quererme muchísimo a no soportarme en un abrir y cerrar de ojos, ¿será bipolar?».

Vulgarmente se suele pensar (o decir) que si fulanito o menganita tiene un humor muy cambiante, pasa de la risa pasa al llanto o del te quiero al te odio, es porque tiene un trastorno bipolar pero NO es así. Las personas que tienen trastorno bipolar no necesariamente cambian su estado de ánimo en un abrir y cerrar de ojos, de hecho, los episodios depresivos suelen durar meses o incluso años (excepto en los/as llamados/as cicladores/as. rápidos/as).

Por favor, no confundamos los cambios de humor de una persona, su dificultad para contener impulsos o para gestionar las emociones, el tener explosiones de ira o tener mal carácter con el trastorno bipolar.

Tratamiento

El trastorno bipolar es una enfermedad que suele requerir medicación de por vida y el tratamiento de elección es farmacológico. La psicoterapia también también es fundamental para aprender a detectar los síntomas de una posible recaída y, por supuesto, saber cómo manejarlos.

Con el tratamiento adecuado la evolución del trastorno bipolar es generalmente buena, pudiendo llevar las personas que lo padecen una vida normalizada. Pero sin tratamiento las recaídas son frecuentes y conllevan importantes repercusiones familiares, sociales y laborales.

Cinco reglas básicas para una buena evolución:

  • Cumplir el tratamiento.
  • No consumir drogas.
  • Seguir horarios regulares de sueño y realizar actividades estructuradas.
  • Realizar un seguimiento.
  • Aprender a detectar los síntomas de recaída.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, DC.

National Institute of Mental Health (2018). Bipolar Disorder

sepsiq.org

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Victimismo: la queja constante

¿Conoces a alguna persona con un alto grado de victimismo? La podrás identificar porque cree que todos están en contra suya y que cualquier cosa que le ocurre siempre es culpa de los demás (que conspiran para hacerle daño). Aunque pueda parecer algo muy muy duro, no te equivoques, los/as que utilizan el victimismo en su día a día sacan mucho provecho de ello.

Ir de víctima por la vida

Quien más, quien menos, ha sido víctima en alguna ocasión de una agresión, ha sufrido algún accidente o ha sido tratado/a de un modo inadecuado. Pero una vez superada esta situación uno/a puede quitarse la etiqueta de víctima o seguir con ella (utilizarla) unos días, meses o años más. No es lo mismo ser víctima que victimista.

Ventajas de usar el victimismo

1. Recibir atención por parte de los demás

Estas personas llaman la atención con quejas y suspiros varios y, claro, más de uno/a corre a consolarlos/as. Se sienten genial cuando la gente se interesa y apiada de ellos/as, pero no te engañes, estas personas no buscan solucionar sus problemas, lo que quieren es un extra de compasión y protagonismo.

«¡Qué desgracia! ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¡La gente me tiene manía y les encanta fastidiarme! ¿Es que nada me puede salir bien?».

No obstante, el victimismo es un arma de doble filo, a corto e incluso medio plazo puede funcionar bastante bien para obtener atenciones de los demás, pero los familiares y/o amigos/as generalmente acaban cansándose y terminan evitando a ese «ser de luz» que desprende negatividad crónica entre lamento y lamento.

2. Es una forma para no responsabilizarse de absolutamente nada

Son incapaces de realizar autocrítica porque sencillamente no quieren ver la realidad (porque no les conviene). Que te quede claro, cualquier contratiempo o problema que tengan siempre será culpa tuya o de los demás. Necesitan alguien a quien culpabilizar de todos sus males, siendo capaces de cualquier cosa para que los demás asuman la responsabilidad de lo que les ocurre y por supuesto si hay que mentir, pues se miente.

Para ellos/as es mucho más sencillo engañarse creyendo que no tienen culpa de nada y, oye, que no se te ocurra llevarles la contraria porque no toleran las críticas y si intentas contraargumentarles te acusarán de que les estás atacando “lo dices para fastidiarme/hacerme daño”. En el caso de sentirse acorralados/as, utilizarán el llanto en plan drama queen/king para hacer que te calles.

3. Consiguen que los demás se sientan culpables

Es un método estupendo para manipular a los demás a través del chantaje emocional. Como ellos/as son unas pobres víctimas, los demás tienen el deber de ayudarles en todo y si esto no ocurre, responden con una gran tristeza o resentimiento (al estilo tragicomedia) «no me entiendes, eres un/a egoísta, ahora aun me siento peor, snif, snif». Y tú ¿qué haces? Te sientes culpable y cedes one more time.

Suelen hacer muchos sacrificios por los demás, se lo pidas o no. Pero no al estilo buen samaritano, su objetivo no es ayudarte sino que sientas que estás en deuda con ellos/as y regodearse de lo buenas personas que son.

Muchas gracias por ir a buscar esto, pero de verdad que no hacía falta, ya lo iba a coger yo mañana de paso que iba al supermercado».

«Ah, muy bien, después de hacer 50 kilómetros e ir a propósito a Vilalba, con la de cosas que tengo que hacer ¿así me lo agradeces?».

-«Si te lo agradezco, te acabo de dar las gracias pero solo te digo que no era necesario, que no me corría prisa».

«Está claro que no sabes agradecer nada ni valorar lo mucho que me esfuerzo».

Un problema que puede convertirse en eterno

Como hemos visto, a las personas victimista les encanta llamar la atención, regodearse en todos sus males y recordarte lo mucho que sufren. Pero ¿y tú? ¿Vas a continuar perdiendo tu tiempo y energías escuchando sus lamentaciones, cargando con la responsabilidad y culpa de sus desgracias? No pierdas de vista que solo pueden manipularte si tú entras en su juego.

Para aludidos/as (que los habrá…)

Es más fácil ser una víctima y culpar a los demás de tus problemas porque así no tienes que asumir la responsabilidad de las consecuencias de tus decisiones y actos. Pero creo que ha llegado el momento de decidir, ¿vas a ser la víctima o el/la protagonista de tu vida?

El mundo no conspira en contra tuyo/a, la humanidad no te odia, no eres un/a incomprendido/a y la gente no respira para fastidiarte el día. Si piensas que tienes un problema (o muchos), la solución no va a llegar sola a llamarte a la puerta entre quejido y quejido. Puede que hayas tenido problemas, no digo que no, pero te has convertido en el/la verdugo de tu presente. Si tanto sufres, pide ayuda para aprender a afrontar los problemas y las relaciones personales (sobre todo las afectivas) de un modo más saludable.

Bibliografía

patreon.com

psicólogo emocional on line

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Amaxofobia o fobia a conducir

¿Te aterra conducir? No sé si te servirá de ayuda pero no eres la única persona a la que le pasa (mal de muchos, consuelo de tontos). Se calcula que casi el 7% de los/as españoles/as sufren este trastorno.

¿Qué es la amaxofobia?

Es el intenso temor e incapacidad que experimentan algunas personas al conducir un vehículo, o simplemente, al pensar que lo tienen que hacer.

Se trata de una fobia específica de tipo situacional que se engloba dentro de los trastornos de ansiedad descritos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

Síntomas principales de la amaxofobia

  • A nivel físico: sudoración excesiva, temblores, náuseas, malestar de estómago, rigidez muscular, ritmo cardíaco acelerado y/o sequedad de boca, entre otras.
  • Aspectos cognitivos y emocionales: ansiedad anticipatoria, pensamientos irracionales, catastróficos y/o obsesivos relacionados con la conducción.
  • A nivel conductual: evitación de la conducción.

Causas de la amaxofobia

Lo más habitual es que se inicie con una crisis de ansiedad mientras se conduce o por haber sufrido o haber sido testigo de un un accidente de tráfico. La intensa sensación de falta de control que estas experiencias provocan y los pensamientos catastrofistas sobre lo sucedido, producen un fuerte temor ante la posibilidad de que la crisis o el accidente se repita.

Los factores que pueden terminar generando este trastorno son muchos, ya que aparece como consecuencia de una combinación de acontecimientos externos y predisposiciones internas. Los más frecuentes suelen ser:

  • Baja autoestima.
  • Percepción de incompetencia personal a a hora de conducir.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Alta vulnerabilidad a la ansiedad.
  • Baja tolerancia al estrés.

Recuerda

La amaxofobia es un miedo muy intenso e irracional que llega incluso a impedir a quien la padece a ponerse al volante. Si el miedo a conducir supone una limitación en tu día a día, es el momento de ponerle remedio. Las fobias son los trastornos que más eficazmente se pueden tratar a través de terapia así que… ¡Contacta con un psicólogo!

Bibliografía

infocop.es

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

6 frases que los psicólogos escuchamos a menudo

Hay muchos trabajos con una larga lista de clichés, mitos y estereotipos y los psicólogos/as no nos quedamos cortos/as precisamente…

En este artículo podrás leer frasecitas que con frecuencia nos irritan, perlas que escuchamos más de una vez los/as psicólogos/as y lo que pensamos al respecto.

¿Me estás leyendo la mente?

En más de una ocasión me dan ganas de responder con un “sí y me aburro” o con un “¿acaso crees que no tengo ninguna otra cosa mejor que hacer?” .

No soy adivina, la telepatía no existe y ni yo ni nadie tiene la capacidad de leer la mente de otras personas o averiguar lo que se les pasa por la cabeza. Es una lástima pero ni leo mentes ni invoco a demonios.

Los/as psicólogos/as con lo que cobráis debéis ser ricos/as

“Sí, claro, estoy forrada. Mira mi mansión, mi vida de repleta de lujos y mi cuenta corriente”.

Hagamos cuentas, he estudiado una licenciatura (5 años), he hecho dos másters oficiales (3 años) y diversos cursos de formación. No es que solo haya invertido años en mi carrera, sino que también esfuerzo, dedicación y dinero (mucho dinero). A todo esto hay que sumarle el alquiler del despacho, impuestos (autónomos, IRPF…), tasas del Colegio Oficial de Psicología, gestorías, seguro de responsabilidad civil, protección de datos, materiales, etc.

Lo que cobro se basa en los servicios que puedo ofrecerte gracias a los conocimientos que tengo. Además mis honorarios no son solo por escucharte una hora, desde que sales de mi consulta analizo y estudio tu caso y esto lleva su tiempo.

¿Estás llorando/enfadado/a siendo psicólogo/a?

Un/a oncólogo/a puede tener cáncer, un/a peluquero/a ser calvo/a, un/a mecánico/a tener una avería en el coche o un/a dentista tener caries.

Los/as psicólogos/as no tenemos super poderes ni estamos inmunizados/as. Somos personas de carne y hueso, podemos emocionarnos o sufrir algún trastorno anímico o ansioso como cualquier hijo/a de vecino/a.

Los psicólogos/as estáis locos/as

“Define locura y luego hablamos”.

Es cierto que muchas series, películas y novelas han alimentado este mito de persona excéntrica, siento desilusionarte pero la mayoría de nosotros/as somos de lo más normalito. Y sí, podemos tener nuestrass rarezas pero…  ¿Y quién no?

Ir al psicólogo es para locos

“Repito, define locura y luego hablamos”

Si para ti un/a loco/a es una persona que tiene algún tipo de malestar emocional, algún problema de pareja, conflicto familiar o laboral, dificultades de aprendizaje o quiere potenciar o mejorar alguna habilidad y por tanto pide ayuda, pues apaga y vámonos.

Yo no creo en la psicología

“Vaya por dios, uno/a menos para la secta”.

La psicología no es una religión, no es cosa de brujería, no es magia, no es un acto de fe ni nada que se le parezca.

La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano en todas sus vertientes (el patológico y el normal) y por tanto no puedes “no creer” en ella. Puedes tener una visión más o menos crítica, pueden gustarte más o menos los psicólogos/as, pero no puedes no creer en la Psicología.

Bibliografía

Psicología y Mente

tumblr.com/tagged/psicologos

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Efecto Pigmalión | Psicólogo Lugo

El efecto Pigmalión es un fenómeno psicológico muy estudiado que consiste, de forma muy resumida, en cómo las expectativas y creencias de una persona influyen en el rendimiento de otra. ¡Y para explicarlo con mayor detalle, nada mejor que un experimento!

El experimento Pigalión en el aula

En un instituto de California, en la década de los 60, se realizó un importante experimento llamado “Pigmalión en el aula” y fue llevado a cabo por el psicólogo Robert Rosenthal y la directora del centro, Leonore Jacobson.

Primera fase

Al inicio del curso académico Rosenthal y Jacobson aplicaron unas pruebas de inteligencia a más de 300 alumnos/as. Una vez corregidos los test pudieron comprobar que los/as estudiantes tenían un nivel de inteligencia similar.

Luego cogieron al azar a un pequeño grupo de estos alumnos/as y redactaron unos informes falsos en los que se ponía de manifiesto que estos estudiantes habían obtenido unos resultados extraordinarios en las pruebas de inteligencia.

Los informes, tanto los reales como los falsos, fueron entregados a los profesores/as y se les afirmó que aquellos estudiantes que habían obtenido mejores resultados, serían los que mejor rendimiento tendrían al finalizar el curso.

Segunda fase

La segunda parte del experimento se llevó a cabo ocho meses después, una vez terminado el curso académico. Rosenthal y Jacobson volvieron a evaluar las capacidades intelectuales de los/as más de 300 estudiantes y se quedaron ojipláticos con los resultados. Los/as alumnos/as a los/as que les habían atribuido de forma falsa una excepcional inteligencia, habían obtenido unos resultados en inteligencia superiores al resto de compañeros/as y unas mejores cualificaciones académicas.

¿Qué sucedió?

Pues que Rosental y Jacobson con los informes falsos manipularon las expectativas que tenían los/as profesores/as acerca de sus alumnos/as.

Los/as profesores sabían que podían esperar muy buenos resultados de esos estudiantes y es por ello que empezaron a brindarles un trato diferenciado (aunque en ningún momento se les pidió que lo hicieran): les dedicaban más tiempo, mantenían más tiempo el contacto ocular con ellos/as, les daban más oportunidades que al resto de compañeros/as, cuando se equivocaban no lo atribuían a que no tuvieran capacidades sino a que no habían entendido bien las explicaciones, les animaban más que a sus compañeros/as, etc. En definitiva, como sabían que podían esperar mucho de ellos/as, su actitud y su predisposición a enseñarles era más especial y diferente que la que tenían con el resto de alumnos/as.

Efecto Pigmalión o Profecía autocumplida

Está claro que las expectativas que tenemos acerca de nosotros/as mismos/as, así como las que tienen sobre nosotros/as la gente que nos rodea, influyen en nuestros resultados. Creer en algo ayuda a que ese algo acabe sucediendo, pero no de una manera mágica o misteriosa al estilo Paulo Coelho «si lo deseo mucho muchísimo acabará sucediendo» (pues va a ser que no…), sino mediante acciones, modificando el comportamiento. El efecto Pigmalión se produce porque lo que creemos lo comunicamos a través de nuestros gestos, actitudes y mensajes implícitos, está patente en lo qué decimos y en cómo lo decimos.

Es muy importante ser conscientes de este efecto, sobre todo los/as educadores/as, profesores/as, maestros/as y padres/madres. Si un/una niño/a percibe que confiamos en él/ella y que creemos que será capaz de alcanzar las metas que se propone, será mucho más eficaz y eficiente.

Aunque en este artículo me haya centrado en el efecto Pigmalión en la infancia, con los adultos sucede más de lo mismo. Seguramente en alguna ocasión te has propuesto un objetivo y has acabado abandonándolo porque tu entorno no te apoyaba lo suficiente. En resumidas cuentas, recuerda que las expectativas de las personas cercanas influyen en nosotros/as así que vigila que tipo de gente te rodea.

Bibliografía

El efecto Pigmalión. ¿Hasta qué punto determina nuestro futuro la visión que los demás tienen de nosotros?

El efecto Pigmalión, autoestima y rendimiento escolar.

El peligro de las etiquetas: el efecto Pigmalión

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Ruptura de pareja en vacaciones

La ruptura amorosa durante las vacaciones, o justo después de ellas, es más habitual de lo que se cree: una de cada cuatro parejas entran en crisis o se separan.

¿Por qué ocurre?

Lo más habitual es que durante las vacaciones los/as miembros de la pareja pasen más tiempo juntos/as que el resto del año. Esto no es malo per se, pero la tragedia se masca cuando se arrastra una situación complicada de muchos meses, o incluso años.

A veces tenemos muy buenas intenciones vacacionales: irse por ahí con la idea de arreglar las cosas, pero con frecuencia nos damos cuenta de que ya no podemos, de que no hay ya nada que reparar.

La temida ruptura en vacaciones aparece cuando no nos esforzamos por mantener viva la relación el resto del año. Con el ajetreo del día a día, horarios, rutinas, niños/as, etc. Apenas hay tiempo para reflexionar o hablar, y ya ni te cuento si cada uno/a trabaja fuera de casa con horarios infames. Por la noche llegamos a casa cansados/as, no nos apetece hablar (sobre todo de temas importantes) y ponemos la televisión o miramos el teléfono con la única intención de distraernos y desconectar. En muchas ocasiones no nos paramos a analizar como está la salud de nuestra relación y seguimos con esa persona por pura rutina. Sí, hay muchísimas relaciones que se mantienen “gracias” a la costumbre de tener a fulanito o menganita al lado y cuando por fin tenemos tiempo para pasar juntos/as… Nos aburrimos, no tenemos nada de lo que hablar, discutimos constantemente y, en resumidas cuentas, detestamos estar con esa persona.

¿Las vacaciones causan la ruptura de pareja?

Por supuesto que no. La ruptura que se da en vacaciones ocurre porque la pareja ya estaba mal antes, solo que no nos habíamos dado cuenta de que la situación estaba tan mal (o no queríamos o no podíamos verlo).

La rutina, el no hacer cosas juntos/as (no solo hacer la compra, pagar facturas, criar a los/as hijos/as, etc.), la falta de comunicación, la poca intimidad o las relaciones sexuales escasas sí explican las separaciones. Y es que no cuidar de la pareja en el día a día, no buscar ni dedicar tiempo de calidad a la relación, es la semilla de la ruptura en días de asueto. La relación debe cuidarse a lo largo del año, estemos o no de vacaciones, que luego vienen los lamentos…

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

El efecto espectador

El efecto espectador o de difusión de la responsabilidad es un fenómeno estudiado por la Psicología a raíz de un asesinato ocurrido en un barrio residencial de Nueva York en el año 1964 .

Una noche un hombre apuñaló por la espalda a una chica, Kitty Genovese, mientras se dirigía hacia su casa caminado. La policía se puso a investigar este terrible suceso y, sorprendentemente, descubrieron que había muchos testigos en este caso. Por lo menos 38 personas habían visto como un hombre asaltaba y asesinaba y una chica en plena calle y nadie había hecho nada para evitarlo. Ni la auxiliaron ni dieron la voz de alarma. Sorprendente, ¿verdad?

¿Qué es el efecto espectador?

Este fenómeno, también conocido como difusión de la responsabilidad, hace referencia a aquellos casos en los que personas que son testigos de un crimen o delito no ofrecen ayuda a la víctima cuando hay otros individuos presentes. Es decir, en una situación de peligro o emergencia cuanta más gente haya observando esa situación, más difícil es que alguien intervenga, se responsabilice y/o proporcione ayuda a la víctima.

Así que si en algún momento de tu vida estás en peligro y necesitas ser ayudado por alguien, que sepas que cuanta menos gente haya viéndote, mejor. Y si no que se lo digan a los migrantes y refugiados del Open Arms o a las víctimas de bulling…

La influencia del grupo en el individuo

En Psicología nos gusta más un experimento que a un tonto un lápiz y por supuestísimo se han realizado estudios para demostrar el efecto espectador.

Experimento

Una persona (conejillo de indias) va a una oficina para realizar una entrevista, se acerca a la secretaria (actriz) y esta le da un formulario para que cubra mientras espera en una sala contigua.

Este sujeto experimental coge los papeles y se va a la salita vacía a cumplimentar el formulario. De repente empieza a salir un humo denso y aparentemente peligroso por debajo de la puerta y ¿qué crees que hace? Pues lo esperable, se levanta y se se acerca a la secretaria para dar la voz de alarma. Esta situación se replicó con muchas personas distintas y la inmensa mayoría de ellas al ver el humo, avisan del peligro.

Modificación del experimento

Una vez observadas a unas cuantas personas, los investigadores hacen una modificación y crean una nueva situación experimental: en la sala de espera ya no estará el sujeto experimental solo, habrá más gente esperando (actores). Los cómplices del experimentador tenían una instrucción clara: cuando el humo saliese por debajo de la puerta, debían continuar cubriendo los formularios como si nada ocurriese.

En esta nueva situación, una persona acude a una entrevista, coge los formularios que le da la secretaria y se mete en una sala de espera en la que hay otros candidatos en su misma situación cubriendo papeles (aunque realmente son cómplices). Se sienta y cumplimenta el formulario y de repente ve como empieza a salir humo por debajo de la puerta… Mira a las otras personas que no muestran el más mínimo signo de desconcierto o preocupación y… ¿Qué crees que hizo el muchacho? Exacto, nada.

En la gran mayoría de los casos, cuando los otros individuos no responden, el sujeto tampoco lo hace, no da la señal de alarma.

¿Podemos librarnos del efecto espectador?

Sí.

Está claro que el contexto, el grupo de iguales o la percepción social que tengamos influye en nuestro comportamiento. Pero no lo determina.

Una actitud pasiva ante las situaciones de emergencia no dice nada bueno a favor nuestro ni de nuestra sociedad. Si queremos un mundo más empático y menos indiferente a las desgracias ajenas, debemos predicar con el ejemplo. La clave está en no tener que esperar a que los demás actúen para hacerlo nosotros/as. Somos seres racionales, no ovejas.

¿Y tú, cómo actúas cuando alguien está en peligro? ¿Ayudas o no haces nada?

Bibliografía

Clay Lindgren, Henry. Introducción a la psicología social. Trillas, 2003. Papalia, Dianne. Psicología. México, Mc Graw-Hill, 2003.

https://www.youtube.com/watch?v=BdpdUbW8vbwwww.youtube.com/watch?v=BdpdUbW8vbw

Psicóloga Lugo

Janet Díaz


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