¿El teléfono nos está idiotizando? | Psicólogo Lugo

uso del teléfono

Vivimos pegados/as al teléfono móvil… ¡Es que con este cacharro podemos hacer casi cualquier cosa! Comunicarnos, buscar información, hacer fotos, jugar, escuchar música, comprar…

El teléfono ya forma parte de nuestras vidas. Lo incluimos en nuestras rutinas diarias, lo necesitamos para nuestro trabajo, nos permite saber lo que pasa en el mundo sin necesidad de movernos del sofá, nos hace compañía en el baño y un sinfín de cosas más.

Si echamos la vista atrás nos damos cuenta de que hace unos 20 años no estábamos ni un 10% del tiempo que estamos conectados actualmente. ¿Qué creéis, esto es bueno o es malo?

Mal uso del teléfono móvil

El uso de teléfonos móviles tiene sus ventajas, pero también acarrea ciertos inconvenientes y en ellos me voy a detener hoy.

Empobrecimiento del pensamiento crítico

Al poder disponer de información de una forma tan rápida y sencilla, en vez de pensar por nosotros/as mismos/as se lo preguntamos a Google (que todo lo sabe). ¿Hay algo de malo en esto? Sí, corremos el riesgo de dejar de razonar, analizar, reflexionar o cuestionarnos pequeñas o grandes cosas. ¿Por dónde llegaré antes, por aquí o por allí? Mmmm, mejor no lo pienso y lo busco en el Maps. Antes detestaba ese tipo de bebidas, pero ahora hago batidos detox a diario (desde que se lo vi a la influencer de moda).

DEMENCIA DIGITAL

Este término fue acuñado por Manfred Spitzer para referirse a como nuestro cerebro se empieza a atrofiar por el mal uso de las nuevas tecnologías. ¿Para qué voy a aprender o recordar información si se lo puedo preguntar a Google con solo mover un dedo?

La amnesia digital es otro problema que consiste en olvidar rápidamente un dato después de buscarlo en un dispositivo electrónico. ¿Os ha pasado alguna vez?

Y el Efecto Google, que se basa en olvidar cualquier tipo de información cotidiana porque nos acostumbramos a buscarla directamente en Internet. Ya no presto atención a los minutos que tenía que tener el bizcocho en el horno porque en un periquete lo compruebo con el teléfono.

Deterioro del proceso de atención

El déficit de atención es un problema de rabiosa actualidad. Una de las razones por las que se manifiesta tanto en nuestra sociedad es que nuestra mente se ha acostumbrado a trabajar en multitarea, saltando de una actividad a otra sin estar centrados/as en ninguna de ellas al 100%. Estamos contestando un mail, escuchando la radio, pensando en lo que vamos a hacer de comer, leyendo un Whatsapp y enchufando el cargador del teléfono. Ya lo dice el refranero popular «el que mucho abarca, poco aprieta». Si pretendemos realizar muchas cosas al mismo tiempo no seremos eficaces porque nos concentraremos en ninguna.

Desinformación

Cualquier persona que sepa leer y tenga conexión a Internet tiene al alcance una cantidad incalculable de información. Hay demasiada información pero pocas formas de digerirla y pocas ganas de contrastarla…

Impaciencia e inmediatez

Vivimos en una cultura de lo quiero todo y lo quiero todo ¡ya! Cuando estamos con una app del teléfono y esta nos aburre, pasamos a otra. Cuando en Facebook no hay mucha chicha, rápidamente nos ponemos a cotillear en Instagram. Si nos quedamos sin batería en el teléfono, raudos/as y veloces cogemos el cargador. Con inocentes gestos como los anteriores dejamos de cultivar la paciencia, la serenidad y el aburrimiento (indispensable para la creatividad). Nos acostumbramos a tener lo que queremos de manera inmediata y sin mucho esfuerzo, y así las cosas pierden parte de su valor (incluso las relaciones sociales). Esto se traduce en: Si no consigo algo ya, abandono.

aislamiento

Dedicar mucho tiempo a las redes sociales conlleva quitárselo al contacto físico con las personas reales. El día tiene 24 horas y el tiempo que invertimos con el teléfono móvil, aunque sea chateando, nos distancia de la gente.

Ignorar a la/s persona/s con la/s que estamos por estar pendientes del teléfono ya tiene un nombre: phubbing. Lo que sucede a nuestro alrededor pasa a un segundo plano y lo realmente importante son los mensajes que nos entran en el móvil.

El phubbing es una práctica muy habitual en los adolescentes, vasta con observar a los jóvenes reunidos físicamente aunque cada uno/a esté pendiente de su teléfono. Aunque hay adultos que también lo hacen, no hay más que detenerse a mirar lo que ocurre en las cafeterías cuando hay reunidas varias personas, una enfrente de la otra pero con la vista puesta en el móvil… Yo esto lo veo como una falta de educación (y espero no ser la única) y me parece muy triste.

Preferir los mensajes digitales a hablar cara a cara supone un gran riesgo y en Japón ya es un problema gravísimo. Los hikikomori son jóvenes que viven literalmente confinados en sus habitaciones gozando del entretenimiento social constante de los dispositivos electrónicos y alejados del mundo real.

Necesidad de estar conectados/as en todo momento

¿Y si sube una historia y la borra antes de que yo la vea? Tragediaaaa. ¿Y si dejo el teléfono en casa y me llegan mensajes/llamadas y no los puedo contestar? Melodraaaama. Por no hablar de la situación contraria: ¡¡No me ha contestado el whats que le envié hace 5 minutos!! Arderás en el infiernooooo. Y si aparece el doble check azul ya ni os cuento.

No tener el móvil a mano y no poder ver eso que fulanito/a ha comentado, no poder leer o contestar el mensajito que nos han enviado o no poder dar like a esa foto, supone para mucha gente una catástrofe. Eso de «perderse» algo, aunque sea pura bazofia, aunque no sea importante, para muchos/as es una auténtica desgracia. ¿Y para ti?

Tenemos asociado que no responder al teléfono de forma inmediata está mal, porque dejamos a nuestros amigos/compañeros de trabajo/clientes/etc. De lado, pero lo que realmente está mal es pasar de la persona que tenemos delante. ¿Qué mensaje le estamos enviando a ese amigo/a, familiar, compañero/a… con el/la que estamos cara a cara? Tú no eres tan importante como la persona con la que estoy chateando.

El mal uso del teléfono nos absorbe

Por mucho que queramos, es imposible compaginar el atender el teléfono con una conversación, con una película, con una comida, con una reunión, etc. Creo que debemos aprender a dejar a un lado el móvil, silenciarlo, apagarlo o ponerlo en modo avión. Aunque no nos guste reconocerlo, no somos tan importantes como para tener que estar disponibles y localizables las 24 horas del día. ¿Qué sería lo peor que nos podría ocurrir? Nada tan grave como idiotizarnos cada día más por estar pegados al teléfono.

El tiempo es oro y estar con el móvil horas y horas es malgastarlo.

Usemos el sentidiño común.

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

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