Covid-19 ¿Cómo reaccionas emocionalmente?

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El Covid-19 te está amenazando, a ti y al resto de la humanidad. ¿Cómo te estás defendiendo de él? Nos enfrentamos a una etapa de riesgo sanitario que va a prolongarse en el tiempo. Y más de lo mismo con la situación económica tan compleja que se nos viene encima (o que ya tenemos). ¿Cómo estamos reaccionando ante estas amenazas?

Reacciones emocionales ante el Covid-19

Cuando estamos en una situación de amenaza inminente nuestro instinto de supervivencia se pone en marcha, actuamos de forma instintiva y a posteriori pensamos y recapacitamos. Generalmente nuestro sistema nervioso central decide instintivamente cual es el sistema de protección más eficaz en cada momento. Cada persona tiene sus tendencias y seguramente te sientas identificado/a con alguna de ellas (ya me contarás).

Si un/a malhechor/a te asalta a punta de navaja, por ejemplo, puedes reaccionar instintivamente tratando de defenderte (empujones, puñetazos, patadas…). O quizá intentes escapar. Puede que te quedes paralizado/a. O tal vez sigas sus órdenes sin rechistar (entregarle la cartera, el teléfono, joyas o lo que sea que te pida). O puede incluso que después del suceso te vengas abajo o tengas una explosión emocional. Así que la lucha, la huida, el parálisis, la sumisión y el colapso son reacciones muy útiles cuando nos enfrentamos a algún peligro.

Lucha

Luchar, pelear, enfrentase al enemigo/a. Pero… ¿Cómo podemos pelear contra un virus invisible? De entrada parece complicado. ¿Contra quién luchamos? El enemigo está por todas partes pero no podemos verlo, así que una salida “sencilla” suele ser buscar alguien a quien odiar. Podemos dirigir nuestra ira hacia alguien que tengamos al lado, hacia algún/a antiguo enemigo/a o persona que nos caiga mal o incluso hacia ese partido político que tan poco nos gusta. Pero no estamos peleando contra el verdadero enemigo (que no se nos olvide que es el virus) y esa respuesta de lucha no es productiva. Responsabilizar a alguien de todas las desgracias puede darnos sensación de cierto control, pero no es real y es importante que tomemos conciencia de esto.

La solución no pasa por el odio, por señalar a uno u otra, sino por la cohesión grupal. Realizar acciones conjuntas, sentir que estamos todos/as a una. La no colaboración del otro supone un aumento del riesgo directo para uno/a o para las personas cercanas. Por eso cuando alguien se sale de estas pautas, cuando no estamos teniendo esta lucha conjunta, aparece la impotencia que a veces (muchas veces) termina convirtiéndose en ira.

Huida

¿Hacia dónde escapamos? Es una pandemia mundial así que lo de poner tierra de por medio no funciona. Pero la respuesta de huida (a nivel emocional) sí que se manifiesta y lo hace con la evitación.

Evitamos el virus refugiándonos en casa, escapamos de las aglomeraciones, nos mantenemos a dieta de noticias, etc. Dentro de casa nos podemos sentir medianamente seguros/as pero cuando ponemos el pie fuera, el asunto cambia. El virus puede estar en cualquier lugar, podemos experimentar miedo en el ascensor, en la panadería, en el cajero al tocar el pomo de cualquier puerta y prácticamente en cualquier lugar. ¿Solución para no sentir miedo? Quedarse atrincherados/as en casa, evitar el exterior a toda costa a niveles patológicos.

Otra versión de la evitación extrema (que tampoco es nada recomendable) es el:  “No me hables de… No quiero saber nada de… No quiero ni oír temas relacionado con… Prefiero seguir con mi vida como si nada… El Covid-19 es todo una cortina de humo, etc.”. Estar demasiado desconectados/as de la realidad (ojos que no ven, hostia que te pegas) permite minimizar el problema, «si no existe la amenaza, ya no tengo miedo». ¿Para qué voy a ponerme mascarilla? ¿Por qué no voy a seguir con mi vida como si nada? Y, básicamente, pasarse cualquier recomendación por el forro.

Parálisis

Cuando el peligro es muy elevado, otra reacción es el parálisis. Y si echamos la vista 6 meses atrás, la gran mayoría de nosotros/a y de nuestros/as políticos/as (no nos olvidemos de que también son humanos), experimentamos el parálisis. Estábamos al tanto de la situación tan crítica que existía en China debido al Covid-19 y de como se estaba trasladando a otros países, pero lo veíamos tan tan lejos… Luego vimos como Italia, un país vecino y con un perfil de funcionamiento cultural similar al nuestro, iba hacia la debacle y aquí nos quedamos sin reaccionar hasta que no nos vimos metidos de lleno en el estado de alarma.

Tanto a nivel personal, como institucional veíamos el problema muy lejano. Estábamos en fase de shock y el parálisis inicial hizo que las respuestas personales e institucionales fuesen tardías.

Sumisión

“Intoxicados por beber desinfectante en EEUU siguiendo las recomendaciones de Trump para combatir el Covid-19. Noticias tan surrealistas como esta tienen una explicación. Cuando estamos en una situación de mucha incertidumbre y de mucho peligro si alguien con cierta autoridad dice algo, y lo dice muy convencido, lo aceptamos por pura supervivencia.

Algo que tienen en común todos estos líderes totalitarios populistas es que hablan como si estuviesen en posesión de la verdad y hablan con gran contundencia de la mayor estupidez que se les ocurre. Lo dicen con tal convencimiento que las personas que puedan tender a esta reacción de sumisión, se agarran a esa seguridad que les transmiten como a un clavo ardiendo.

Colapso

El colapso es lo que conocemos como venirse abajo en situaciones en las que no podemos hacer nada. Momentos de gran impotencia y de mucha desesperación como, por ejemplo, situaciones en las que los/as sanitarios/as han podido hacer muy poco o menos de lo que les gustaría por falta de medios. Esta reacción de soltar la presión aparece cuando nuestro organismo dice “hasta aquí” y en ese momento es importante sentir apoyo. Lo que más nos ayuda cuando tenemos esta reacción de colapso es sentir que hay otra persona que entiende cómo nos estamos sintiendo, que no estamos solos/as.

Nuestras reacciones al coronavirus

Todas estas reacciones no son patológicas, son reacciones de supervivencia. Luchar por las cosas que están en nuestra mano está bien, como intentar presionar para que los/as sanitarios/as tenga mejores medios, que la vuelta al colegio sea más segura, etc. En cuanto a la reacción de huida, desconectar un poco de las noticias (sobre todo de los medios sensacionalistas) y el distanciamiento social son modos de evitación sanos. Si no nos precipitamos al reaccionar y nos pensamos un poco antes de actuar, esta parálisis de inicio es buena. Y si hacemos caso a lo que nos dicen en cuanto a las recomendaciones sanitarias, pues algo de sumisión nos viene fetén.

Todas estas reacciones para hacer frente al Covid-19 son sanas y necesarias, el problema surge cuando nos anclamos en alguna de ellas y nos bloquea. Si este es tu caso, no dudes en pedir ayuda.

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

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