Suerte | Psicólogo Lugo

¿Qué es tener buena suerte?

Hoy te traigo una breve historia de tradición taoísta. Espero que te haga reflexionar sobre cómo interpretamos las circunstancias que vivimos en nuestro día a día y sobre cómo en determinadas situaciones la lectura que hacemos de los acontecimientos suele ser parcial y limitada, impidiéndonos ver las consecuencias positivas que pueden traer a medio o largo plazo.

La realidad sobre la buena suerte

La historia dice así:

Un anciano labrador, viudo y pobre, vivía con su hijo en una humilde casa. Tenían también un viejo establo en el que guardaban a su único caballo que tanto les ayudaba para cultivar el campo.

Una noche, el caballo se escapó del establo y por mucho que lo buscaron, no lo encontraron. Cuando los/as vecinos/as se enteraron de la noticia, fueron a visitar al anciano para darle las condolencias y lamentar su desgracia. Pero el labrador solo les dijo: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y los/as vecinos/as no lo entendieron.

Una semana después, el caballo regresó al establo trayendo consigo una yegua salvaje en edad de procrear. Los/as vecinos/as fueron de nuevo a visitar al anciano campesino, pero esta vez para felicitarle por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Los/as vecinos/as pensaron que el anciano había perdido el juicio ya que era indudable que recuperar el caballo y tener a mayores una yegua, de repente y por azar, era una grandísima suerte.

Al día siguiente cuando el hijo del labrador intentó domar a la yegua, se cayó al suelo y se rompió una pierna. Los/as vecinos/as consideraron esto como una desgracia, pero no el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y los/as vecinos/as ya no supieron qué responder.

Una semana más tarde, el ejército llegó a la aldea para reclutar a todos los jóvenes que se encontraran en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, no se lo llevaron. Los/as vecino/as que quedaron en la aldea, padres, madres, abuelos y abuelas de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia un peligroso combate. A lo que el longevo sabio respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”.

Reflexión

Nos encanta ponerle etiquetas a todo y con demasiada frecuencia se nos olvida que la actitud con la que decidimos enfrentarnos a la vida solo depende de nosotros/as.

Tenemos la tendencia a clasificar las situaciones como positivas o negativas, buenas o malas, pero se nos olvida que las situaciones por si mismas no tienen ningún signo. A veces, lo que inicialmente nos parece una gran suerte termina convirtiéndose en una pesadilla, y lo mismo sucede al revés. Lo que en un principio puede parecernos un gran revés de la vida puede abrirnos puertas a experiencias que, con el paso del tiempo, agradeceremos. 

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Trastorno bipolar | Psicólogo Lugo

El trastorno bipolar es un trastorno mental crónico y recurrente caracterizado por alteraciones patológicas del estado del ánimo. Las fases de la enfermedad, como veremos a continuación, incluyen episodios hipomaníacos, maníacos y/o depresivos.

Según la OMS, el 3% de la población mundial (unas 350 millones de personas en todo el mundo) tienen trastorno bipolar. Suele diagnosticarse a finales de la adolescencia o inicio de la edad adulta, aunque a veces se tarda algo más porque se confunde con la depresión.

Trastorno bipolar tipo I

El paciente presenta, al menos, un episodio maníaco. No es necesario que exista un episodio de depresión o de hipomanía, sin embargo, es habitual que la persona lo haya experimentado anteriormente o llegue a padecerlo en el futuro.

Trastorno bipolar tipo II

Se caracteriza por la presencia de uno o varios episodios hipomaníacos y uno o varios episodios de depresión que preceden o prosiguen a los episodios hipomaníacos. Es decir, el paciente ha tenido al menos, un episodio depresivo mayor y, como mínimo, un episodio hipomaníaco, pero nunca manía.

Episodios:

Episodio maníaco

El estado de ánimo está anormalmente y persistentemente elevado, expansivo o irritable, con un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía que dura como mínimo una semana. Esta alteración del estado del ánimo causa un deterioro importante en el funcionamiento social o laboral y puede ser necesaria la hospitalización.

Los síntomas más habituales son:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Hablar más de lo habitual.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Facilidad de distracción.
  • Aumento de la actividad o agitación psicomotora.
  • Participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias dolorosas. Por ejemplo: compras descontroladas, relaciones sexuales de riesgo o inversiones de dinero imprudentes.

Episodio de hipomanía

La diferencia principal entre la manía y la hipomanía es la severidad de los síntomas.

En la hipomanía el estado de ánimo está elevado, con un aumento visible y persistente de la energía. Esto provoca un cambio importante del comportamiento habitual, pero no impacta significativamente en la funcionalidad de la persona, no incluye síntomas psicóticos y no requiere hospitalización. Este aumento de energía (durante al menos cuatro días) se caracteriza por:

  • Aumento de la autoestima y sentimientos de grandeza.
  • Aun si hay cansancio, existe una poca o baja necesidad de dormir.
  • Mayor necesidad de hablar o de mantener la conversación.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Gran facilidad para distraerse.
  • Agitación psicomotora exacerbada.
  • Interés excesivo por actividades que con mucha probabilidad causarán malestar. Por ejemplo: hacer compras de manera repentina e imprudente.

Episodio de depresión

Los síntomas son los mismos que los que se presentan en un trastorno depresivo mayor, están presentes al menos durante dos semanas y provocan malestar clínicamente significativo o deterioro en las áreas sociales, ocupacionales, u otras importantes del funcionamiento de la persona

  • Tristeza.
  • Pérdida de interés o placer en todas o casi todas las actividades.
  • Pérdida de peso significativa (sin hacer dieta) o ganancia de peso o disminución o aumento del apetito.
  • Alteraciones en el sueño: insomnio o hipersomnia.
  • Agitación o enlentecimiento psicomotor.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados.
  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse o indecisión.
  • Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida o tentativa de suicidio.

Incomprensión del trastorno bipolar

«Mi pareja está riéndose y a los 5 minutos está llorando, es bipolar fijo».

«Mi madre debe ser bipolar, por la mañana está muy tranquila y por la tarde no hay quién la aguante».

«Mi amigo pasa de quererme muchísimo a no soportarme en un abrir y cerrar de ojos, ¿será bipolar?».

Vulgarmente se suele pensar (o decir) que si fulanito o menganita tiene un humor muy cambiante, pasa de la risa pasa al llanto o del te quiero al te odio, es porque tiene un trastorno bipolar pero NO es así. Las personas que tienen trastorno bipolar no necesariamente cambian su estado de ánimo en un abrir y cerrar de ojos, de hecho, los episodios depresivos suelen durar meses o incluso años (excepto en los/as llamados/as cicladores/as. rápidos/as).

Por favor, no confundamos los cambios de humor de una persona, su dificultad para contener impulsos o para gestionar las emociones, el tener explosiones de ira o tener mal carácter con el trastorno bipolar.

Tratamiento

El trastorno bipolar es una enfermedad que suele requerir medicación de por vida y el tratamiento de elección es farmacológico. La psicoterapia también también es fundamental para aprender a detectar los síntomas de una posible recaída y, por supuesto, saber cómo manejarlos.

Con el tratamiento adecuado la evolución del trastorno bipolar es generalmente buena, pudiendo llevar las personas que lo padecen una vida normalizada. Pero sin tratamiento las recaídas son frecuentes y conllevan importantes repercusiones familiares, sociales y laborales.

Cinco reglas básicas para una buena evolución:

  • Cumplir el tratamiento.
  • No consumir drogas.
  • Seguir horarios regulares de sueño y realizar actividades estructuradas.
  • Realizar un seguimiento.
  • Aprender a detectar los síntomas de recaída.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, DC.

National Institute of Mental Health (2018). Bipolar Disorder

sepsiq.org

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Victimismo: la queja constante

¿Conoces a alguna persona con un alto grado de victimismo? La podrás identificar porque cree que todos están en contra suya y que cualquier cosa que le ocurre siempre es culpa de los demás (que conspiran para hacerle daño). Aunque pueda parecer algo muy muy duro, no te equivoques, los/as que utilizan el victimismo en su día a día sacan mucho provecho de ello.

Ir de víctima por la vida

Quien más, quien menos, ha sido víctima en alguna ocasión de una agresión, ha sufrido algún accidente o ha sido tratado/a de un modo inadecuado. Pero una vez superada esta situación uno/a puede quitarse la etiqueta de víctima o seguir con ella (utilizarla) unos días, meses o años más. No es lo mismo ser víctima que victimista.

Ventajas de usar el victimismo

1. Recibir atención por parte de los demás

Estas personas llaman la atención con quejas y suspiros varios y, claro, más de uno/a corre a consolarlos/as. Se sienten genial cuando la gente se interesa y apiada de ellos/as, pero no te engañes, estas personas no buscan solucionar sus problemas, lo que quieren es un extra de compasión y protagonismo.

«¡Qué desgracia! ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¡La gente me tiene manía y les encanta fastidiarme! ¿Es que nada me puede salir bien?».

No obstante, el victimismo es un arma de doble filo, a corto e incluso medio plazo puede funcionar bastante bien para obtener atenciones de los demás, pero los familiares y/o amigos/as generalmente acaban cansándose y terminan evitando a ese «ser de luz» que desprende negatividad crónica entre lamento y lamento.

2. Es una forma para no responsabilizarse de absolutamente nada

Son incapaces de realizar autocrítica porque sencillamente no quieren ver la realidad (porque no les conviene). Que te quede claro, cualquier contratiempo o problema que tengan siempre será culpa tuya o de los demás. Necesitan alguien a quien culpabilizar de todos sus males, siendo capaces de cualquier cosa para que los demás asuman la responsabilidad de lo que les ocurre y por supuesto si hay que mentir, pues se miente.

Para ellos/as es mucho más sencillo engañarse creyendo que no tienen culpa de nada y, oye, que no se te ocurra llevarles la contraria porque no toleran las críticas y si intentas contraargumentarles te acusarán de que les estás atacando “lo dices para fastidiarme/hacerme daño”. En el caso de sentirse acorralados/as, utilizarán el llanto en plan drama queen/king para hacer que te calles.

3. Consiguen que los demás se sientan culpables

Es un método estupendo para manipular a los demás a través del chantaje emocional. Como ellos/as son unas pobres víctimas, los demás tienen el deber de ayudarles en todo y si esto no ocurre, responden con una gran tristeza o resentimiento (al estilo tragicomedia) «no me entiendes, eres un/a egoísta, ahora aun me siento peor, snif, snif». Y tú ¿qué haces? Te sientes culpable y cedes one more time.

Suelen hacer muchos sacrificios por los demás, se lo pidas o no. Pero no al estilo buen samaritano, su objetivo no es ayudarte sino que sientas que estás en deuda con ellos/as y regodearse de lo buenas personas que son.

Muchas gracias por ir a buscar esto, pero de verdad que no hacía falta, ya lo iba a coger yo mañana de paso que iba al supermercado».

«Ah, muy bien, después de hacer 50 kilómetros e ir a propósito a Vilalba, con la de cosas que tengo que hacer ¿así me lo agradeces?».

-«Si te lo agradezco, te acabo de dar las gracias pero solo te digo que no era necesario, que no me corría prisa».

«Está claro que no sabes agradecer nada ni valorar lo mucho que me esfuerzo».

Un problema que puede convertirse en eterno

Como hemos visto, a las personas victimista les encanta llamar la atención, regodearse en todos sus males y recordarte lo mucho que sufren. Pero ¿y tú? ¿Vas a continuar perdiendo tu tiempo y energías escuchando sus lamentaciones, cargando con la responsabilidad y culpa de sus desgracias? No pierdas de vista que solo pueden manipularte si tú entras en su juego.

Para aludidos/as (que los habrá…)

Es más fácil ser una víctima y culpar a los demás de tus problemas porque así no tienes que asumir la responsabilidad de las consecuencias de tus decisiones y actos. Pero creo que ha llegado el momento de decidir, ¿vas a ser la víctima o el/la protagonista de tu vida?

El mundo no conspira en contra tuyo/a, la humanidad no te odia, no eres un/a incomprendido/a y la gente no respira para fastidiarte el día. Si piensas que tienes un problema (o muchos), la solución no va a llegar sola a llamarte a la puerta entre quejido y quejido. Puede que hayas tenido problemas, no digo que no, pero te has convertido en el/la verdugo de tu presente. Si tanto sufres, pide ayuda para aprender a afrontar los problemas y las relaciones personales (sobre todo las afectivas) de un modo más saludable.

Bibliografía

patreon.com

psicólogo emocional on line

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Janet Díaz

Amaxofobia o fobia a conducir

¿Te aterra conducir? No sé si te servirá de ayuda pero no eres la única persona a la que le pasa (mal de muchos, consuelo de tontos). Se calcula que casi el 7% de los/as españoles/as sufren este trastorno.

¿Qué es la amaxofobia?

Es el intenso temor e incapacidad que experimentan algunas personas al conducir un vehículo, o simplemente, al pensar que lo tienen que hacer.

Se trata de una fobia específica de tipo situacional que se engloba dentro de los trastornos de ansiedad descritos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

Síntomas principales de la amaxofobia

  • A nivel físico: sudoración excesiva, temblores, náuseas, malestar de estómago, rigidez muscular, ritmo cardíaco acelerado y/o sequedad de boca, entre otras.
  • Aspectos cognitivos y emocionales: ansiedad anticipatoria, pensamientos irracionales, catastróficos y/o obsesivos relacionados con la conducción.
  • A nivel conductual: evitación de la conducción.

Causas de la amaxofobia

Lo más habitual es que se inicie con una crisis de ansiedad mientras se conduce o por haber sufrido o haber sido testigo de un un accidente de tráfico. La intensa sensación de falta de control que estas experiencias provocan y los pensamientos catastrofistas sobre lo sucedido, producen un fuerte temor ante la posibilidad de que la crisis o el accidente se repita.

Los factores que pueden terminar generando este trastorno son muchos, ya que aparece como consecuencia de una combinación de acontecimientos externos y predisposiciones internas. Los más frecuentes suelen ser:

  • Baja autoestima.
  • Percepción de incompetencia personal a a hora de conducir.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Alta vulnerabilidad a la ansiedad.
  • Baja tolerancia al estrés.

Recuerda

La amaxofobia es un miedo muy intenso e irracional que llega incluso a impedir a quien la padece a ponerse al volante. Si el miedo a conducir supone una limitación en tu día a día, es el momento de ponerle remedio. Las fobias son los trastornos que más eficazmente se pueden tratar a través de terapia así que… ¡Contacta con un psicólogo!

Bibliografía

infocop.es

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Janet Díaz

6 frases que los psicólogos escuchamos a menudo

Hay muchos trabajos con una larga lista de clichés, mitos y estereotipos y los psicólogos/as no nos quedamos cortos/as precisamente…

En este artículo podrás leer frasecitas que con frecuencia nos irritan, perlas que escuchamos más de una vez los/as psicólogos/as y lo que pensamos al respecto.

¿Me estás leyendo la mente?

En más de una ocasión me dan ganas de responder con un “sí y me aburro” o con un “¿acaso crees que no tengo ninguna otra cosa mejor que hacer?” .

No soy adivina, la telepatía no existe y ni yo ni nadie tiene la capacidad de leer la mente de otras personas o averiguar lo que se les pasa por la cabeza. Es una lástima pero ni leo mentes ni invoco a demonios.

Los/as psicólogos/as con lo que cobráis debéis ser ricos/as

“Sí, claro, estoy forrada. Mira mi mansión, mi vida de repleta de lujos y mi cuenta corriente”.

Hagamos cuentas, he estudiado una licenciatura (5 años), he hecho dos másters oficiales (3 años) y diversos cursos de formación. No es que solo haya invertido años en mi carrera, sino que también esfuerzo, dedicación y dinero (mucho dinero). A todo esto hay que sumarle el alquiler del despacho, impuestos (autónomos, IRPF…), tasas del Colegio Oficial de Psicología, gestorías, seguro de responsabilidad civil, protección de datos, materiales, etc.

Lo que cobro se basa en los servicios que puedo ofrecerte gracias a los conocimientos que tengo. Además mis honorarios no son solo por escucharte una hora, desde que sales de mi consulta analizo y estudio tu caso y esto lleva su tiempo.

¿Estás llorando/enfadado/a siendo psicólogo/a?

Un/a oncólogo/a puede tener cáncer, un/a peluquero/a ser calvo/a, un/a mecánico/a tener una avería en el coche o un/a dentista tener caries.

Los/as psicólogos/as no tenemos super poderes ni estamos inmunizados/as. Somos personas de carne y hueso, podemos emocionarnos o sufrir algún trastorno anímico o ansioso como cualquier hijo/a de vecino/a.

Los psicólogos/as estáis locos/as

“Define locura y luego hablamos”.

Es cierto que muchas series, películas y novelas han alimentado este mito de persona excéntrica, siento desilusionarte pero la mayoría de nosotros/as somos de lo más normalito. Y sí, podemos tener nuestrass rarezas pero…  ¿Y quién no?

Ir al psicólogo es para locos

“Repito, define locura y luego hablamos”

Si para ti un/a loco/a es una persona que tiene algún tipo de malestar emocional, algún problema de pareja, conflicto familiar o laboral, dificultades de aprendizaje o quiere potenciar o mejorar alguna habilidad y por tanto pide ayuda, pues apaga y vámonos.

Yo no creo en la psicología

“Vaya por dios, uno/a menos para la secta”.

La psicología no es una religión, no es cosa de brujería, no es magia, no es un acto de fe ni nada que se le parezca.

La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano en todas sus vertientes (el patológico y el normal) y por tanto no puedes “no creer” en ella. Puedes tener una visión más o menos crítica, pueden gustarte más o menos los psicólogos/as, pero no puedes no creer en la Psicología.

Bibliografía

Psicología y Mente

tumblr.com/tagged/psicologos

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Janet Díaz

Efecto Pigmalión | Psicólogo Lugo

El efecto Pigmalión es un fenómeno psicológico muy estudiado que consiste, de forma muy resumida, en cómo las expectativas y creencias de una persona influyen en el rendimiento de otra. ¡Y para explicarlo con mayor detalle, nada mejor que un experimento!

El experimento Pigalión en el aula

En un instituto de California, en la década de los 60, se realizó un importante experimento llamado “Pigmalión en el aula” y fue llevado a cabo por el psicólogo Robert Rosenthal y la directora del centro, Leonore Jacobson.

Primera fase

Al inicio del curso académico Rosenthal y Jacobson aplicaron unas pruebas de inteligencia a más de 300 alumnos/as. Una vez corregidos los test pudieron comprobar que los/as estudiantes tenían un nivel de inteligencia similar.

Luego cogieron al azar a un pequeño grupo de estos alumnos/as y redactaron unos informes falsos en los que se ponía de manifiesto que estos estudiantes habían obtenido unos resultados extraordinarios en las pruebas de inteligencia.

Los informes, tanto los reales como los falsos, fueron entregados a los profesores/as y se les afirmó que aquellos estudiantes que habían obtenido mejores resultados, serían los que mejor rendimiento tendrían al finalizar el curso.

Segunda fase

La segunda parte del experimento se llevó a cabo ocho meses después, una vez terminado el curso académico. Rosenthal y Jacobson volvieron a evaluar las capacidades intelectuales de los/as más de 300 estudiantes y se quedaron ojipláticos con los resultados. Los/as alumnos/as a los/as que les habían atribuido de forma falsa una excepcional inteligencia, habían obtenido unos resultados en inteligencia superiores al resto de compañeros/as y unas mejores cualificaciones académicas.

¿Qué sucedió?

Pues que Rosental y Jacobson con los informes falsos manipularon las expectativas que tenían los/as profesores/as acerca de sus alumnos/as.

Los/as profesores sabían que podían esperar muy buenos resultados de esos estudiantes y es por ello que empezaron a brindarles un trato diferenciado (aunque en ningún momento se les pidió que lo hicieran): les dedicaban más tiempo, mantenían más tiempo el contacto ocular con ellos/as, les daban más oportunidades que al resto de compañeros/as, cuando se equivocaban no lo atribuían a que no tuvieran capacidades sino a que no habían entendido bien las explicaciones, les animaban más que a sus compañeros/as, etc. En definitiva, como sabían que podían esperar mucho de ellos/as, su actitud y su predisposición a enseñarles era más especial y diferente que la que tenían con el resto de alumnos/as.

Efecto Pigmalión o Profecía autocumplida

Está claro que las expectativas que tenemos acerca de nosotros/as mismos/as, así como las que tienen sobre nosotros/as la gente que nos rodea, influyen en nuestros resultados. Creer en algo ayuda a que ese algo acabe sucediendo, pero no de una manera mágica o misteriosa al estilo Paulo Coelho «si lo deseo mucho muchísimo acabará sucediendo» (pues va a ser que no…), sino mediante acciones, modificando el comportamiento. El efecto Pigmalión se produce porque lo que creemos lo comunicamos a través de nuestros gestos, actitudes y mensajes implícitos, está patente en lo qué decimos y en cómo lo decimos.

Es muy importante ser conscientes de este efecto, sobre todo los/as educadores/as, profesores/as, maestros/as y padres/madres. Si un/una niño/a percibe que confiamos en él/ella y que creemos que será capaz de alcanzar las metas que se propone, será mucho más eficaz y eficiente.

Aunque en este artículo me haya centrado en el efecto Pigmalión en la infancia, con los adultos sucede más de lo mismo. Seguramente en alguna ocasión te has propuesto un objetivo y has acabado abandonándolo porque tu entorno no te apoyaba lo suficiente. En resumidas cuentas, recuerda que las expectativas de las personas cercanas influyen en nosotros/as así que vigila que tipo de gente te rodea.

Bibliografía

El efecto Pigmalión. ¿Hasta qué punto determina nuestro futuro la visión que los demás tienen de nosotros?

El efecto Pigmalión, autoestima y rendimiento escolar.

El peligro de las etiquetas: el efecto Pigmalión

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

El efecto espectador

El efecto espectador o de difusión de la responsabilidad es un fenómeno estudiado por la Psicología a raíz de un asesinato ocurrido en un barrio residencial de Nueva York en el año 1964 .

Una noche un hombre apuñaló por la espalda a una chica, Kitty Genovese, mientras se dirigía hacia su casa caminado. La policía se puso a investigar este terrible suceso y, sorprendentemente, descubrieron que había muchos testigos en este caso. Por lo menos 38 personas habían visto como un hombre asaltaba y asesinaba y una chica en plena calle y nadie había hecho nada para evitarlo. Ni la auxiliaron ni dieron la voz de alarma. Sorprendente, ¿verdad?

¿Qué es el efecto espectador?

Este fenómeno, también conocido como difusión de la responsabilidad, hace referencia a aquellos casos en los que personas que son testigos de un crimen o delito no ofrecen ayuda a la víctima cuando hay otros individuos presentes. Es decir, en una situación de peligro o emergencia cuanta más gente haya observando esa situación, más difícil es que alguien intervenga, se responsabilice y/o proporcione ayuda a la víctima.

Así que si en algún momento de tu vida estás en peligro y necesitas ser ayudado por alguien, que sepas que cuanta menos gente haya viéndote, mejor. Y si no que se lo digan a los migrantes y refugiados del Open Arms o a las víctimas de bulling…

La influencia del grupo en el individuo

En Psicología nos gusta más un experimento que a un tonto un lápiz y por supuestísimo se han realizado estudios para demostrar el efecto espectador.

Experimento

Una persona (conejillo de indias) va a una oficina para realizar una entrevista, se acerca a la secretaria (actriz) y esta le da un formulario para que cubra mientras espera en una sala contigua.

Este sujeto experimental coge los papeles y se va a la salita vacía a cumplimentar el formulario. De repente empieza a salir un humo denso y aparentemente peligroso por debajo de la puerta y ¿qué crees que hace? Pues lo esperable, se levanta y se se acerca a la secretaria para dar la voz de alarma. Esta situación se replicó con muchas personas distintas y la inmensa mayoría de ellas al ver el humo, avisan del peligro.

Modificación del experimento

Una vez observadas a unas cuantas personas, los investigadores hacen una modificación y crean una nueva situación experimental: en la sala de espera ya no estará el sujeto experimental solo, habrá más gente esperando (actores). Los cómplices del experimentador tenían una instrucción clara: cuando el humo saliese por debajo de la puerta, debían continuar cubriendo los formularios como si nada ocurriese.

En esta nueva situación, una persona acude a una entrevista, coge los formularios que le da la secretaria y se mete en una sala de espera en la que hay otros candidatos en su misma situación cubriendo papeles (aunque realmente son cómplices). Se sienta y cumplimenta el formulario y de repente ve como empieza a salir humo por debajo de la puerta… Mira a las otras personas que no muestran el más mínimo signo de desconcierto o preocupación y… ¿Qué crees que hizo el muchacho? Exacto, nada.

En la gran mayoría de los casos, cuando los otros individuos no responden, el sujeto tampoco lo hace, no da la señal de alarma.

¿Podemos librarnos del efecto espectador?

Sí.

Está claro que el contexto, el grupo de iguales o la percepción social que tengamos influye en nuestro comportamiento. Pero no lo determina.

Una actitud pasiva ante las situaciones de emergencia no dice nada bueno a favor nuestro ni de nuestra sociedad. Si queremos un mundo más empático y menos indiferente a las desgracias ajenas, debemos predicar con el ejemplo. La clave está en no tener que esperar a que los demás actúen para hacerlo nosotros/as. Somos seres racionales, no ovejas.

¿Y tú, cómo actúas cuando alguien está en peligro? ¿Ayudas o no haces nada?

Bibliografía

Clay Lindgren, Henry. Introducción a la psicología social. Trillas, 2003. Papalia, Dianne. Psicología. México, Mc Graw-Hill, 2003.

https://www.youtube.com/watch?v=BdpdUbW8vbwwww.youtube.com/watch?v=BdpdUbW8vbw

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Las 5 etapas del duelo

Casi todos/as nos hemos enfrentado alguna vez a un duelo por la muerte de alguien cercano y, a pesar de ello, es algo de lo que nos cuesta hablar.

El duelo tras la pérdida de una ser querido puede adoptar muchas formas, pero suelen poder reconocerse 5 etapas a lo largo del proceso: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Esto no significa que todas las personas que atraviesan un duelo tengan por qué atravesar estas 5 fases ni tampoco que tengan que aparecer este mismo orden, pero es lo más habitual.

1. Negación

La incredulidad suele ser la primera reacción.

“No puede ser verdad”

Negar que alguien ha muerto ayuda a amortiguar el golpe y permite aplazar parte del dolor. Es una forma de decirle a la realidad que espere, que todavía no estamos preparados para asimilar la noticia.

Sí, es una estrategia poco realista a largo plazo y no puede mantenerse en el tiempo indefinidamente. Pero es de gran utilidad en un primer momento puesto nos da un pequeño margen temporal que permite que no sintamos el dolor de una forma tan brusca.

2. Ira

La ira, la rabia y el resentimiento que predominan en esta etapa son fruto de la frustración que nos produce saber que no podemos hacer nada para traer de vuelta a nuestro ser querido.

Es habitual que se busquemos posibles culpables, alguien a quien responsabilizar y, si no lo/a encontramos (porque en la mayoría de los casos no existe), podemos dirigir nuestra ira hacia personas que no tienen culpa: amigos/as, familiares, médicos, vecinos/as, desconocidos/as, etc.

Lo más aconsejable es reconocer y aceptar la rabia que sentimos para poder sacarla fuera. Si la negamos y la dejamos dentro de nosotros/as no desparecerá, solo se esconderá y se hará más fuerte.

3. Negociación

Esta fase es de las más breves, en ella fantaseamos con la idea de tener el control sobre la situación. Como si pudiésemos cambiar la realidad o impedir que ocurra la muerte pactando con Dios, buscando estrategias sobrenaturales o haciendo sacrificios varios… Buscamos incansablemente formas de hacer que lo inevitable se convierta en posible.

4. Depresión

“La vida es una mierda”

“Nunca lo/a volveré a ver”

“Se acabó la felicidad”

En esta fase dejamos de fantasear con circunstancias paralelas y volvemos a la realidad con una profunda sensación de vacío. La tristeza y el dolor que sentimos es muy fuerte, nos notamos cansados/as y nos sentimos incapaces de salir de este estado de tristeza y melancolía. Es habitual aislarnos y entrar en una crisis existencial al darnos cuenta de la irreversibilidad de la muerte.

5. Aceptación

“La vida sigue”

Esta etapa es el último paso del duelo. En ella el dolor emocional va desapareciendo, lentamente volvemos a experimentar alegría, placer o ilusión y poco a poco las cosas vuelven a la normalidad.

No es fácil aceptar que no volveremos a ver a esa persona, pero no hacerlo tiene un precio muy alto. Aceptar la muerte de nuestro ser querido y aprender a vivir sin él/ella requiere de un gran trabajo y admitir que las pérdidas forman parte de la vida, por muy poco que nos guste, es necesario.

Recuerda

El duelo es un proceso muy duro, si sientes que no eres capaz de seguir hacia adelante o necesitas ayuda, contacta con un psicólogo.

Bibliografía

  • Abengózar, Mª. C. (1994). Cómo vivir la muerte y el duelo. Una perspectiva Clínico-Evolutiva de Afrontamiento. Universidad de Valencia. Valencia.
  • Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Ediciones Martínez Roca.
  • Lee, C. (1995) La muerte de los seres queridos. Plaza & Janés Editores. Barcelona.

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

Bodas, bautizos y comuniones

La semana pasada leí en twitter algo que me hizo mucha gracia:

“Te invitan a DOS bodas en el mes de Julio, y mientras le estás dando el sobre a los novios te preguntan que dónde te vas de vacaciones. A casa de tu p*** madre, voy” (Kuchifú).

Así que hoy trataré el tema de las “invitaciones” a bodas, bautizos y comuniones (BBC  a partir de ahora).

Hipocresía en bodas, bautizos y comuniones

En otros ámbitos de la vida, si yo invito a algo, soy yo la que paga el gasto que hace la otra persona. ¿No? Pero en el mundo de BBC la cosa cambia un poquitito.

Un buen día recibes la visita (si es que tienen el detalle de hacerlo personalmente) de unas gentes altruistas que te deslizan una invitación y… Te llenas de gozo y satisfacción poder compartir con ellos/as ese día tan especial (y ayudarles a pagarlo, claro está). O también puedes dar las gracias con una fingida sonrisa mientras piensas… ¡m*****!

No está bien generalizar, habrá personas que invitan desinteresadamente, pero escasean. La mayoría de los/as mortales esperan recuperar (y a poder ser, sacar tajada) del gasto de la celebración. ¿Conocéis a algún/alguna novio/a que estén encantados/as de pagar los miles de euros que cuesta el bodorrio que ellos/as mismo eligieron sin las transferencias o los sobres de sus “invitados”? Cri-cri.

Puede sonar un poquititito radical, pero a mí me parece de mal gusto invitar esperando un regalo de unos 150 euros por barba (por lo menos aquí en Galicia). Eso de que los invitados tengan que aflojar la pasta para que los novios/as tengan bodas, o sus hijos/as bautizos o comuniones de lujo, me parece casi una falta de respeto.

Sociedad de trueque

El refranero popular nos dice que “de una boda sale otra”, me imagino que será para recuperar la inversión, ¿no?

Si tú tienes en mente casarte a lo grande y tener retoños bendecidos por un cura, pues a las malas recuperas el gasto de la BBC ajena, devolviéndole la jugarreta (perdón, invitación). Pero si no te hace especial ilusión empeñarte y empeñar a tus seres queridos, te quedas con la deuda al hombro y cara de gili******. Tú sin vacaciones, pero ellos/as de luna de miel en un resort.

¿Me invitas, pagamos a medias o lo pago yo?

“Solo con vuestra presencia es suficiente”. Claro que sí…

¿De verdad son necesarias bodas de 150 euros cubierto por persona? ¿En serio hay que montar una especie de parque de atracciones con castillos hinchables, payasos y opulencias varias en las comuniones? Yo creo que a muchos/as de los futuros/as esposos/as y padres/madres de hijos/as bendecidos por dios se les está yendo un poco la pinza.

Llamadme loca, pero yo creo que si volviéramos a los socorridos regalos de juegos de café, cuberterías, ropa de cama con iniciales bordadas, etc. La tontería de las BBC pretenciosas se acababan muy prontito.

Neguémonos a financiarles la bodas, comuniones o bautizos a familiares o amigos/as si no nos apetece, por favor. Si realmente quieren compartir ese día con nosotros/as, quieren celebrar su amor, hacernos partícipes de como su cristiano/a hijo/a recibe por primera vez la eucaristía, pueden hacerlo sin tanta pretensión y no meter en un compromiso a sus «invitados/as».

Rechazar invitaciones no tiene nada de malo.

Si te hace ilusión acudir a una BBC por todo lo alto, fantástico. Pero si no te apetece pagarle la BBC a fulanito/a o menganito/a, también es legítimo que no lo hagas. Somos ya mayorcitos/as para decidir qué hacer con nuestro tiempo libre y dinero.

Si eres de los/as que se ofenden porque alguien declina tu invitación a BBC, tengo una noticia para ti: el mundo no gira en torno a tu vida, a lo mejor a ti te hace muchísima ilusión pero a mí, pues muy poquita (por no decir nada). Muchas personas escogen los días de los convites en base a que la mayoría de sus invitados están de vacaciones y así puedan ir (o tengan más complicado escaquearse). Y repito, es posible que a mi no me apetezca nada sacrificar mi sábado o domingo de playa o interrumpir mi escapada vacacional para acudir a tu gran fiesta. Que no se te olvide tampoco que hay personas que llegan justísimas a final de mes o se quedan sin ir de vacaciones por acudir a tu BBC .

Los eventos por compromiso para quien los quiera. Yo, desde luego, no.

Si te cuesta declinar invitaciones, no te pierdas este artículo: como rexeitar unha invitación sen sentirte culpable.

Psicólogo Lugo

Janet Díaz

¿Tengo hipocondría?

Desde el año 2014, con la actualización del  DSM-V (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), el Trastorno por Hipocondría pasó a denominarse Trastorno de Ansiedad por Enfermedad. Pero voy a dejar a un lado los tecnicismos y seguir llamándole hipocondría, porque así nos entendemos mejor todos/as.

¿Qué es eso de la hipocondría?

Las personas que sufren este trastorno creen padecer una enfermedad grave y por ello experimentan una preocupación y una angustia excesivas. Esta supuesta enfermedad no la ha detectado ningún médico o especialista, se trata de un autodiagnóstico o de una malinterpretación personal de algún síntoma físico insignificante o funciones corporales normales. Las personas con hipocondría tienen la convicción de que ya tienen la dolencia y aunque acudan a distintos médicos una y otra vez y no les detecten nada, el miedo y la angustia no desaparece. Están convencidas de que padecen una terrible enfermedad y esta preocupación está presente al menos durante 6 meses.

Preocupaciones por cualquier aspecto relacionado con la salud

“No paro de darle vueltas y de revisar el tamaño y la forma de esta mancha de nacimiento (que nunca ha cambiado). Esto tiene una pinta de melanoma…”.

“Mi abuelo tuvo Alzheimer y últimamente me noto muy despistado/a, se me olvidan muchas cosas… Madre mía, tengo principios de demencia”.

“Me duele la cabeza… ¿Será un un tumor?”.

“Esta tos…. Neumonía, seguro”.

“Noto un dolor en el brazo… Infarrrrrto”.

¡Ojo! No quiero banalizar este trastorno, las personas que lo sufren lo pasan realmente mal. Si acostumbráis a leer mis post ya sabréis que me gusta poner un toque de humor y desdramatizar en la medida de lo posible. Que nadie se ofenda, ¡por dios!

¿Tienes hipocondría si cumples con alguno de los criterios anteriores?

Tener ciertos rasgos de hipocondría es habitual, especialmente las personas ansiosas o preocupadizas. En algún momento cualquiera de nosotros/as nos hemos podido preocupar algo, mucho o nada por algún aspecto de nuestra salud, pero de ahí a padecer el trastorno hay un buen trecho.

La preocupación por la salud y el miedo a padecer una enfermedad no son suficientes. También hay que prestar atención a la relevancia de los síntomas y de cómo estos afectan a tu vida diaria. Si la preocupación no interfiere de forma significativa en tu día a día, no se puede considerar trastorno.

Tips para hipocondríacos/as

Si no te fías de lo que te dice tu médico, solicita una segunda opinión. Pero, por favor, no pidas una tercera, décima o trigésimo segunda. No te va a servir de nada ir a tropecientos mil médicos esperando que alguno te confirme tus terribles sospechas.

Si eres de los/as que no vas al médico porque te da miedito, deja de automedicarte, chutarte de hierbajos y de consultar a curanderos, tampoco te va a servir de mucho.

Racionaliza. Si varios médicos te valoran de forma exhaustiva y coinciden en descartar tu temida dolencia, lo más probable es que no tengas nada. Lo mejor que puedes hacer es plantearte ir al psicólogo, porque por muy seguro/a que estés de que padeces esa enfermedad, en realidad no la tienes. Majo/a, lo que probablemente tienes es hipocondría.

Google, los programas de televisión, lo que te cuenta el/la vecino/a y, por supuesto, las batallitas de las salas de espera, pueden hacer mucho daño. Confía más en los profesionales que en habladurías, Internet o en tus pensamientos.

Busca la ayuda de un/a psicólogo/a 😉

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.)

Psicólogo Lugo

Janet Díaz


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