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Ataque de pánico

Hoy voy a escribir un poco sobre los ataques de pánico, también llamados ataques de ansiedad o crisis de pánico.

La ansiedad es una reacción emocional necesaria para nuestra supervivencia. No obstante, las reacciones de ansiedad pueden alcanzar niveles excesivamente altos o pueden ser poco o nada adaptativas en determinadas situaciones. Y, evidentemente, en los ataques de pánico la ansiedad se considera patológica.

Ataques de pánico, ¿Qué son?

Son episodios de aparición repentina (en menos de 10 minutos) de una sensación incontrolable de gran malestar, miedo, preocupación, temor o aprensión intensos. Con frecuencia se asocian a una idea de peligro o catástrofe inminente junto con una necesidad urgente de huir de la situación.

Tengo la intuición de que algo malo va a pasar, no sé muy bien el qué, no lo puedo explicar pero lo siento.

Con frecuencia se inician con una sensación de nerviosismo interno, de agitación. Y no es algo que “venga de fuera” (reacción a un problema en el trabajo, bronca con la pareja, susto en el coche o cualquier suceso estresante). Sino que se trata de una sensación interna. Me viene de dentro y lo noto en la tripa, en el pecho o en la boca del estómago.

Sin ningún tipo de razón empezamos a tener la sensación de que algo malo nos va a suceder y notamos como nuestra respiración y corazón se aceleran. No hay nada que nos indique que exista algún peligro, pero sentimos como si realmente fuera a ocurrirnos algo malo. Puede ser en forma de pensamientos catastrofistas («me estará dando un infarto») o anticipaciones negativas («ya verás, mañana me van a despedir del trabajo»).

¿Cómo identificar un ataque de pánico?

El Ataque de Pánico según el DSM-V se caracteriza por la presencia temporal o aislada de miedo o de malestar intenso, acompañado al menos de cuatro de los siguientes síntomas físicos y cognitivos:

  1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
  2. Sudoración.
  3. Temblor o sacudidas.
  4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
  5. Sensación de ahogo.
  6. Dolor o molestias en el tórax.
  7. Náuseas o malestar abdominal.
  8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  9. Escalofríos o sensación de calor.
  10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
  11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
  12. Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
  13. Miedo a morir.

¿Qué hacer?

Si tienes sospechas, acude a un/a profesional.

Bibliografía

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.).

¿Influye la Luna en nuestro comportamiento?

La idea de que la Luna tiene una misteriosa y poderosa influencia sobre nosotros/as está muy extendida. La posición de la Luna cambia cíclicamente y, por tanto, la porción que vemos iluminada (lo que conocemos como fases lunares). ¿Pueden estar variaciones modificar el funcionamiento del cerebro humano? ¿Puede una enorme roca que está a más de trescientos mil kilómetros de distancia influir en nuestro comportamiento?

Sueño

Hay investigaciones que afirman que la calidad y cantidad del sueño sigue un patrón lunar, siendo durante la fase de Luna llena cuando el sueño es peor. En esta fase lunar los sujetos estudiados tardaban más tiempo en dormirse y el sueño profundo duraba menos.

Sin embargo otras investigaciones de amplias muestras no fueron capaces de captar ningún efecto de la Luna sobre el sueño.

Teniendo en cuenta todo esto, podemos descartar que la Luna sea lo que nos quita el sueño.

Suicidio

Está demostrado que la comisión del suicidio sigue ciertos patrones temporales (aparece más en primavera y los lunes). Pero el comportamiento suicida en función de la hora del día o de la fase lunar no está probada. Se han llevado a cabo múltiples estudios en diversos países con amplias muestras de suicidios e intentos de suicidio y ninguno encuentra una relación con las fases lunares. Así que también parece que debemos descartar la creencia colectiva de que los suicidios se producen más a la luz de la Luna.

Convulsiones

En la Antigua Grecia relacionaban las fases lunares con episodios convulsivos. De hecho el término “lunático” apareció por aquel entonces para designar a las personas que tenían patologías con ataques de tipo convulsivo (como la epilepsia). ¿Esta creencia arcaica es cierta?

Algunas investigaciones relativamente recientes sobre la relación entre la fase lunar y los ataques epilépticos arrojan los siguientes resultados:

  • En un estudio de 2004 se constató un incremento de personas con ataques epilépticos en la fase de cuarto menguante.
  • Otra investigación de 2006 se comprobó que existía un incremento de los ataques en la fase de Luna llena.
  • En otro estudio de 2008 los resultados indicaban que en los tres días posteriores a la Luna nueva aumentaban estos episodios.
  • Y en un estudio posterior se llegó a la conclusión de que la asociación de los ataques covulsivos no se relacionaban tanto con la fase lunar sino con la luminosidad general de la noche. Comprobaron que el número de ataques epilépticos se incrementaba ligeramente en las noches más oscuras y disminuía ligeramente en las noches más claras. También confirmaron que había un incremento dependiente de la fase lunar de los ataques convulsivos no epilépticos, como pueden ocurrir durante ataques de pánico o desajustes metabólicos (estos ataques tendían a manifestarse más en los periodos de Luna llena).

Como las condiciones lumínicas y la fase lunar inciden en la cantidad de convulsiones epilépticas y no epilépticas respectivamente sigue siendo un misterio. Pero sí parece existir algún tipo de sutil relación entre estas condiciones neurológicas con la fase lunar (de un modo que todavía no se conoce).

Asesinatos, violencia, crímenes…

La creencia de que la Luna influye sobre nuestras más negras facetas está muy arraigada. Pero esta relación responde más a supersticiones, motivos religiosos y/o folclóricos. La Luna aparece de noche, “la noche es oscura y alberga horrores”, la oscuridad conlleva peligros, demonios, fuerzas malvadas y santas compañas.

Y, como no, también se han realizado diversos estudios para comprobar si nuestro satélite influye en nuestra naturaleza más oscura. En ninguno de ellos se encontró relación alguna entre las fases lunares y las admisiones en áreas psiquiátricas, emergencias o servicios de atención telefónica en crisis. Así que ni la Luna nueva, ni la llena, ni la creciente, ni la menguante tiene un influjo sobre nuestro dark side.

Pero sí se ha encontrado relación entre la fase lunar y los crímenes realizados a cielo descubierto. La actividad criminal en el exterior es mayor en función de la luminosidad de la Luna. La explicación es simple: la penumbra de una noche de Luna llena permite ver a los amigos/as de lo ajeno pero a la vez seguir lo suficientemente ocultos/as para no ser descubiertos/as. Siendo la Luna llena una condición que favorece los robos, sobre todo en lugares con escasa luz artificial.

Nada clara relación del comportamiento humano con la Luna

La relación de nuestro comportamiento y funcionamiento cerebral con las fases lunares está ampliamente estudiada. Aunque exista la creencia popular del influjo lunar, la mayoría de las investigaciones realizadas demuestran lo contrario. Como mucho parecen existir sutiles efectos sobre el sueño y sobre las convulsiones. Quizás antaño, cuando no había luz artificial (o no estaba tan extendida) la luz de la Luna era mucho más importante y por tanto influía más en el comportamiento de las personas.

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

8 características de personas dependientes emocionalmente

Cada hombre/mujer es un mundo, único/a en su especie, sin embargo las personas dependientes emocionalmente comparten ciertas características. Si concibes la la vida plena solo dentro de una relación de pareja, pueda que te sientas identificado/a con este post.

1. Prioridad de la pareja sobre cualquier cosa

¿Consideras a tu pareja como el centro de la existencia, como el objeto más valioso que le da sentido a tu vida? Así puede sonar muy fuerte pero… ¿Acostumbras a priorizar a tu pareja sobre absolutamente todo? Planes, amistades, actividades programadas, aficiones, familiares, etc. De forma puntual, todos/as lo podemos hacer, pero si sufres dependencia emocional lo harás en la grandísima mayoría de los casos.

2. Idealización de la pareja

¿Consideras a tu pareja una especie de ser perfecto, de tabla de salvación? Sí es así, tú quedarás colocado/a sí o sí en una posición de inferioridad. ¿Es posible que busques en tu pareja protección, guía y ejemplo e incluso que sientas que sin él/ella no podrás ser feliz?

3. Miedo a la soledad

A las personas con dependencia emocional la soledad les parece aterradora y por eso hacen grandes sacrificios con tal de ser aceptadas y estar unidas alguien. ¿Te preocupa constantemente que tu pareja te deje? ¿Crees que te aferras demasiado a él/ella?

4. Voracidad afectiva.

Las personas dependientes emocionalmente buscarán una y otra vez que sus parejas les demuestren que les quieren. Esta búsqueda constante de afecto puede agobiar a la otra parte: whatsppear constantemente, llamadas cada dos por tres, incapacidad de hacer algo sin él/ella («¿Nos vemos?». «Ya ha pasado media hora y no me has dicho que me quieres…». «¿Cuánto me extrañas?». «¿Me quieres?». «¿Pero me quieres mucho o poco?». Etc).

5. Tendencia a la exclusividad en las relaciones

La persona dependiente se aísla de su familia y amistades para dedicarse exclusivamente a su pareja. Y desea que a la inversa también sea así, por eso no suele encajar bien que su pareja quede con otras personas. ¿Tu círculo social ha disminuido o aumentado tanto en calidad como en cantidad (sin echar la culpa al Covid-19)?

6. Baja autoestima

Las personas emocionalmente dependientes acostumbran a ser injustas y crueles consigo mismas y tienen una autoimagen muy distorsionada. ¿Te culpas a ti mismo/a cuando te sucede algo malo o cometes algún error y cuando te pasa algo bueno lo relacionas con la suerte o con el destino? Sí es así estás asumiendo que lo malo que ocurre a tu alrededor es tu culpa (si tu pareja se siente frustrada por un asunto laboral, creerás que es culpa tuya por no darle el apoyo suficiente).

7. Necesidad de agradar

¿Te esfuerzas muchísimo por mantener los vínculos afectivos y tiendes a sacrificarse (aunque no sea de un modo recíproco) de forma sistemática? Los/as dependientes emocionales intentan complacer y de satisfacer las demandas de los demás (aunque no lo pidan), adoptando un rol pasivo y actuando como a la otra persona le gusta, acatando los deseos de los demás olvidándose de sus propias necesidades.

8. Creencia en el amor romántico

Media naranja, el amor todo lo puede, sin ti no soy nada y absurdeces por el estilo.

Personas dependientes emocionalmente

Cabe decir que no todas las personas tienen por qué manifestar estas características concretas, pero si te sientes muy identificado/a con alguna (o muchas) de ellas puedes leer más sobre este tema ¿tienes dependencia emocional? o puedes pedir ayuda psicológica para recuperar tu autonomía y/o salir de una relación tóxica.

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Covid-19 ¿Cómo reaccionas emocionalmente?

El Covid-19 te está amenazando, a ti y al resto de la humanidad. ¿Cómo te estás defendiendo de él? Nos enfrentamos a una etapa de riesgo sanitario que va a prolongarse en el tiempo. Y más de lo mismo con la situación económica tan compleja que se nos viene encima (o que ya tenemos). ¿Cómo estamos reaccionando ante estas amenazas?

Reacciones emocionales ante el Covid-19

Cuando estamos en una situación de amenaza inminente nuestro instinto de supervivencia se pone en marcha, actuamos de forma instintiva y a posteriori pensamos y recapacitamos. Generalmente nuestro sistema nervioso central decide instintivamente cual es el sistema de protección más eficaz en cada momento. Cada persona tiene sus tendencias y seguramente te sientas identificado/a con alguna de ellas (ya me contarás).

Si un/a malhechor/a te asalta a punta de navaja, por ejemplo, puedes reaccionar instintivamente tratando de defenderte (empujones, puñetazos, patadas…). O quizá intentes escapar. Puede que te quedes paralizado/a. O tal vez sigas sus órdenes sin rechistar (entregarle la cartera, el teléfono, joyas o lo que sea que te pida). O puede incluso que después del suceso te vengas abajo o tengas una explosión emocional. Así que la lucha, la huida, el parálisis, la sumisión y el colapso son reacciones muy útiles cuando nos enfrentamos a algún peligro.

Lucha

Luchar, pelear, enfrentase al enemigo/a. Pero… ¿Cómo podemos pelear contra un virus invisible? De entrada parece complicado. ¿Contra quién luchamos? El enemigo está por todas partes pero no podemos verlo, así que una salida “sencilla” suele ser buscar alguien a quien odiar. Podemos dirigir nuestra ira hacia alguien que tengamos al lado, hacia algún/a antiguo enemigo/a o persona que nos caiga mal o incluso hacia ese partido político que tan poco nos gusta. Pero no estamos peleando contra el verdadero enemigo (que no se nos olvide que es el virus) y esa respuesta de lucha no es productiva. Responsabilizar a alguien de todas las desgracias puede darnos sensación de cierto control, pero no es real y es importante que tomemos conciencia de esto.

La solución no pasa por el odio, por señalar a uno u otra, sino por la cohesión grupal. Realizar acciones conjuntas, sentir que estamos todos/as a una. La no colaboración del otro supone un aumento del riesgo directo para uno/a o para las personas cercanas. Por eso cuando alguien se sale de estas pautas, cuando no estamos teniendo esta lucha conjunta, aparece la impotencia que a veces (muchas veces) termina convirtiéndose en ira.

Huida

¿Hacia dónde escapamos? Es una pandemia mundial así que lo de poner tierra de por medio no funciona. Pero la respuesta de huida (a nivel emocional) sí que se manifiesta y lo hace con la evitación.

Evitamos el virus refugiándonos en casa, escapamos de las aglomeraciones, nos mantenemos a dieta de noticias, etc. Dentro de casa nos podemos sentir medianamente seguros/as pero cuando ponemos el pie fuera, el asunto cambia. El virus puede estar en cualquier lugar, podemos experimentar miedo en el ascensor, en la panadería, en el cajero al tocar el pomo de cualquier puerta y prácticamente en cualquier lugar. ¿Solución para no sentir miedo? Quedarse atrincherados/as en casa, evitar el exterior a toda costa a niveles patológicos.

Otra versión de la evitación extrema (que tampoco es nada recomendable) es el:  “No me hables de… No quiero saber nada de… No quiero ni oír temas relacionado con… Prefiero seguir con mi vida como si nada… El Covid-19 es todo una cortina de humo, etc.”. Estar demasiado desconectados/as de la realidad (ojos que no ven, hostia que te pegas) permite minimizar el problema, «si no existe la amenaza, ya no tengo miedo». ¿Para qué voy a ponerme mascarilla? ¿Por qué no voy a seguir con mi vida como si nada? Y, básicamente, pasarse cualquier recomendación por el forro.

Parálisis

Cuando el peligro es muy elevado, otra reacción es el parálisis. Y si echamos la vista 6 meses atrás, la gran mayoría de nosotros/a y de nuestros/as políticos/as (no nos olvidemos de que también son humanos), experimentamos el parálisis. Estábamos al tanto de la situación tan crítica que existía en China debido al Covid-19 y de como se estaba trasladando a otros países, pero lo veíamos tan tan lejos… Luego vimos como Italia, un país vecino y con un perfil de funcionamiento cultural similar al nuestro, iba hacia la debacle y aquí nos quedamos sin reaccionar hasta que no nos vimos metidos de lleno en el estado de alarma.

Tanto a nivel personal, como institucional veíamos el problema muy lejano. Estábamos en fase de shock y el parálisis inicial hizo que las respuestas personales e institucionales fuesen tardías.

Sumisión

“Intoxicados por beber desinfectante en EEUU siguiendo las recomendaciones de Trump para combatir el Covid-19. Noticias tan surrealistas como esta tienen una explicación. Cuando estamos en una situación de mucha incertidumbre y de mucho peligro si alguien con cierta autoridad dice algo, y lo dice muy convencido, lo aceptamos por pura supervivencia.

Algo que tienen en común todos estos líderes totalitarios populistas es que hablan como si estuviesen en posesión de la verdad y hablan con gran contundencia de la mayor estupidez que se les ocurre. Lo dicen con tal convencimiento que las personas que puedan tender a esta reacción de sumisión, se agarran a esa seguridad que les transmiten como a un clavo ardiendo.

Colapso

El colapso es lo que conocemos como venirse abajo en situaciones en las que no podemos hacer nada. Momentos de gran impotencia y de mucha desesperación como, por ejemplo, situaciones en las que los/as sanitarios/as han podido hacer muy poco o menos de lo que les gustaría por falta de medios. Esta reacción de soltar la presión aparece cuando nuestro organismo dice “hasta aquí” y en ese momento es importante sentir apoyo. Lo que más nos ayuda cuando tenemos esta reacción de colapso es sentir que hay otra persona que entiende cómo nos estamos sintiendo, que no estamos solos/as.

Nuestras reacciones al coronavirus

Todas estas reacciones no son patológicas, son reacciones de supervivencia. Luchar por las cosas que están en nuestra mano está bien, como intentar presionar para que los/as sanitarios/as tenga mejores medios, que la vuelta al colegio sea más segura, etc. En cuanto a la reacción de huida, desconectar un poco de las noticias (sobre todo de los medios sensacionalistas) y el distanciamiento social son modos de evitación sanos. Si no nos precipitamos al reaccionar y nos pensamos un poco antes de actuar, esta parálisis de inicio es buena. Y si hacemos caso a lo que nos dicen en cuanto a las recomendaciones sanitarias, pues algo de sumisión nos viene fetén.

Todas estas reacciones para hacer frente al Covid-19 son sanas y necesarias, el problema surge cuando nos anclamos en alguna de ellas y nos bloquea. Si este es tu caso, no dudes en pedir ayuda.

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Vaginismo | Psicóloga Lugo

El vaginismo pertenece al grupo de los trastornos sexuales por dolor. En contra de lo que se pueda creer es una disfunción sexual bastante frecuente, aunque poco reconocida.

Síntomas

El síntoma principal del vaginismo es la presencia de contracciones involuntarias persistentes y recurrentes de los músculos del suelo pélvico (sobre todo del músculo pubocoxígeo) que provocan un cierre parcial o total de la vagina, impidiendo o dificultando la penetración y originando dolor.

La penetración suele generar rechazo debido a dolor físico continuado, pero la mujer puede sentir deseo, excitarse y llegar al orgasmo mediante la estimulación del clítoris.

Además de perjudicar la realización de prácticas sexuales, el vaginismo puede afectar y dificultar la exploración ginecológica o la aplicación de tampones o copas menstruales.

Tipos de vaginismo

Vaginismo total

Se caracteriza por la contracción total de la musculatura del suelo pélvico que imposibilita la introducción de cualquier elemento en la vagina. Se genera un intenso miedo a la penetración por el profundo dolor que se siente.

Vaginismo parcial

Se trata de una contracción parcial de la musculatura. Se cierra la vagina durante la penetración generando molestias en distintas intensidades (fuertes, moderadas o leves).

Vaginismo primario

Aparece desde el primer intento de penetración.

Vaginismo secundario o adquirido

Una mujer que previamente mantenía relaciones sexuales con penetración (sin dolor), deja de poder tenerlas.

Causas del vaginismo

Físicas. Siempre, siempre, siempre hay que consultar a un/a ginecólogo/a para descartar posible causa orgánica (infecciones, enfermedades, etc.).

Psicológicas. En torno a un 90% de los casos de vaginismo tienen origen psicológico y las causas más habituales son:

  • Haber sufrido o presenciado experiencias traumáticas vinculadas a la sexualidad.
  • Insuficiente educación sexual.
  • Información distorsionada (películas porno, revistas, etc.).
  • Relaciones sexuales no buscadas, sino por rutina.
  • Mitos culturales y/o creencias religiosas extremas relacionadas con el sexo.
  • Educación represiva en lo referente a la sexualidad.

¡Importante!

El vaginismo no tiene edad; puede aparecer en las primeras relaciones sexuales, al cabo de los meses, años o al cambiar de pareja. Es uno de los trastornos más sencillos de resolver, pero tiende a ser crónico a no ser que se trate.

Bibliografía

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Labrador, F.J. (1994). Disfunciones sex uales. Madrid: Fundación Universidad Empresa.

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

¿Por qué una persona es infiel?

Serle infiel a la pareja es una situación bastante frecuente. Los motivos o razones por las que las personas ponen los cuernos son muchos y muy variados, veamos los más frecuentes.

Empujón para romper una relación que ya no funciona

Miedo a la soledad, problemas en la toma de decisiones o inseguridades varias acostumbran a estar presentes en estos casos. “La relación va mal y no quiero seguir con mi pareja. Pero como me da muchísimo miedo quedarme solo/a, necesito tener a alguien esperándome o que me motive a dar el paso”. Hay personas que no quieren estar solas y siguen con su pareja aunque la relación no funcione, cueste lo que cueste, porque se sienten incapaces de vivir sin pareja. Por eso, antes de romper con la relación, buscan a otra persona como una especie de salvavidas.

Reafirmación personal y/o crisis existencial.

En estos casos la infidelidad no aparece como respuesta a un problema de pareja, sino que se trata de un intento de búsqueda de autorrealización personal o de una reacción al aburrimiento. “ Me he casado, tengo hijos, hipoteca y un coche familiar. Ahora que me toca, ¿envejecer? ¿Esto es todo?”. Aquí los escarceos amorosos o aventuras se pueden utilizar para reafirmar la libertad personal y/o satisfacer la necesidad de seducir. «Aun estoy en el mercado». Aunque la infidelidad tiende a llevar a consecuencias personales significativas (culpabilidad, por ejemplo), para algunas personas el hecho de tener una aventura puede aumentar su propio ego y autoestima.

Apego evitativo

Las personas con apego evitativo suelen tener dificultades con el compromiso. Valoran mucho su libertad y no sentirse «atadas a nadie», pero al mismo tiempo necesitan vinculación aunque les da miedo que les hagan daño. De tal manera que la infidelidad suele ser su mecanismo de huida, una forma de demostrase a si mismas que es no dependen de nadie.

Forma de descargar tensión

Hay personas que gestionan el estrés del día a día manteniendo sexuales esporádicas. A parte del placer que genera el sexo, el subidón que provoca el riesgo a ser descubierto/a, quedar a escondidas o el deseo de lo «prohibido» están presentes. No voy a entrar en si es buenas estrategia o no, pero lo que está claro es que los efectos colaterales para el otro/a miembro de la pareja son altos y dolorosos (si se entera).

Adicción al sexo

Un impulso sexual incontrolado puede incitar a ser infiel, realizar actos sexuales arriesgados o tener múltiples parejas sexuales con la libido como protagonista.

Venganza

«Ojo por ojo, diente por diente». Ser infiel para vengarse de unos cuernos es muy peligroso si solo se hace con la intención de equilibrar la balanza y no por apetencia o deseo. Pero no siempre la motivación son los cuernos previos, también puede producirse si un miembro de la pareja se siente traicionado de algún modo por el/la otro/a sin que existan terceras personas. «Siento que no me trata bien, no se está portando de un modo correcto o me ha desplazado respecto a mi familia de origen y al final he acabado tirándome a otro/a». Estas infidelidades no dejan de ser una forma de castigar al compañero/a o de venganza como respuesta a la falta de atención o de sentirse descuidadas.

Necesidad de experimentar

Si las relaciones sexuales dentro de la relación son muy anodinas y la persona infiel quiere probar cosas nuevas (y su pareja no está por la labor o ni siquiera está informada) es relativamente sencillo recurrir a fuentes “externas”. En otras ocasiones, la infidelidad no es una respuesta a un problema de satisfacción sexual con la pareja. Simplemente se trata de no saber afrontar la monotonía e intentar buscar un nuevo entretenimiento con una pareja secreta.

Carencias en la relación que se han ido cronificando

La mayoría de las carencias en las relaciones de pareja provienen de sentir una ausencia de complicidad, intimidad, comunicación, comprensión, valoración, refuerzo, ausencia de identidad propia, sentirse solo/a o abandonado/a. Y si una persona ha intentado comunicarle su insatisfacción a su pareja (pero no lo ha logrado, bien porque no ha sabido explicarse o porque no han querido entenderla), si además considera que estas carencias son normales en las relaciones estables y además cree que metiendo los problemas debajo de la alfombra van a desaparecer por ciencia infusa. ¿Qué pasa? Pues que estas carencias o insatisfacciones no desaparecen, sino que se cronifican. Y de repente aparece alguien…

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Ludopatía y adicción a las compras

En el artículo de hoy hago un breve repaso a dos adicciones comportamentales: la ludopatía y la adicción a las compras.

Juego patológico

  • Es la adicción conductual más frecuente, la padece en torno a un 2% de la población adulta.
  • La ludopatía es más habitual en hombres.
  • Características:
    • Necesidad de jugar y apostar cada vez más dinero para conseguir el mismo efecto (tolerancia). Una persona con ludopatía no juega para divertirse o para pasárselo bien, sino que apuesta porque lo necesita. Y a pesar de que sabe que jugar le trae problemas, lo sigue haciendo. Mucas veces la motivación que mantiene el juego patológico es: «juego para recuperar todo el dinero que he gastado y cuando lo consiga, lo dejo». Aunque, evidentemente, apostando no se pueden saldar las deudas acumuladas.
    • Aparece  irritabilidad y ansiedad cuando no se puede jugar (síndrome de abstienencia).
  • Actualmente el juego on line está aumentando a un ritmo vertiginoso, principalmente por:
    • La fácil accesibilidad: a cualquier hora desde un teléfono móvil, tableta, ordenador, etc. se puede acceder a un juego on line.
    • La privacidad: se puede apostar en cualquier lugar (desde la habitación, en el trabajo, sentado en una cafetería, en un parque…) sin que nadie sospeche o se de cuenta.
    • Y características como la inmediatez del refuerzo o estímulos visuales atractivos.
  • No todos los juegos tienen el mismo potencial adictivo. La posibilidad de desarrollar ludopatía aumenta si se dan las siguientes características:
    • Brevedad de la apuesta: a menor tiempo que pasa entre que se juega y se recibe la recompensa económica, más potencial adictivo. En la lotería, por ejemplo, desde que se compra el décimo hasta que se sabe si ha resultado premiado pueden pasar días. Este juego no tiene el mismo potencial adictivo que apostar desde el teléfono móvil a la ruleta, por ejemplo, que en cuestión de segundos se sabe si se ha ganado o no.
    • Rol activo y habilidad personal: tener la sensación de que se domina el juego.
    • Aceptación social. Por desgracia, los juegos de apuestas aún están bien vistos y no se consideran una conducta de riesgo.
    • Grado de activación que se genera mientras se espera a saber si se ha ganado.
    • Disponibilidad: poder apostar en cualquier lugar y a cualquier hora.
  • Existen distintos tipos de jugadores, y cierto es que no todas las personas que juegan tienen un problema de ludopatía.
    • Jugador/a profesional: vive del juego (sobre todo vinculados/as al mundo del Póker). Los/as jugadores profesionales no arriesgan, no juegan desde la impulsividad ni desde la necesidad y sus apuestas se producen tras un análisis racional adecuado usando una estrategia elaborada (que, por supuesto, puede fallar).
    • Jugador/a social: juega en ocasiones especiales por puro entretenimiento, como forma de placer o por costumbre social y suele hacerlo acompañado/a. Es capaz de establecer un límite de tiempo y de dinero para jugar. El juego supone una diversión y no genera consecuencias negativas. Pero, ojo, puede acabar convirtiéndose en ludopatía.
    • Jugador/a patológico/a: ausencia de control y pérdida de la capacidad para dejar de jugar. El juego se convierte en una necesidad que afecta y deteriora las principales áreas de la vida de la persona. Existe una dependencia emocional hacia el juego y se juega para sentirse bien o dejar de sentirse mal.

Adicción a las compras

  • Impulso incontrolable por comprar y pensamiento irracional sobre adquirir cosas nuevas, innecesarias o inútiles. «Necesito comprar continuamente.» «No quería comprar, pero al final no me he podido controlar».
  • La adicción a las compras es más habitual en mujeres (4 a 1).
  • Los consumos no planificados en la mayoría de las ocasiones exceden las posibilidades económicas de la persona y se generan grandes endeudamientos. No se trata de compras del tipo «necesito un bañador y lo pido por Internet o voy a la tienda a por uno», sino «entro en cualquier tienda y compro lo que sea». Se compran bienes que no se necesitan o que pasado un brevísimo tiempo dejan de ser interesantes, útiles o atractivos para la persona.
  • Gran estimulación por el mero hecho de comprar, de usar la tarjeta de crédito, por llevar bolsas en la mano, etc. Pero la satisfacción y/o alivio tras haber comprado desaparece en cuestión de minutos.
  • Ciclo:
    • «Me siento mal»➡»Compro» ➡ «Siento alivio» «Me siento culpable». Es un círculo vicioso: la persona al sentirse mal, realiza una compra. En el momento de comprar desaparece el malestar, pero este alivio dura muy poco. A los pocos minutos, una vez terminada la compra, aparece culpa, se siente mal de nuevo y vuelta a empezar.
  • Hay un vínculo estrecho con el materialismo y la autoestima:
    • Se ha visto que el materialismo predice una baja autoestima y una predisposición a la adicción a la compra.
    • Se definen 3 dimensiones del materialismo vinculadas a la adicción a la compra: importancia, éxito y felicidad. Si una persona tiene la creencia de que la felicidad depende de la cantidad de cosas que tenga, de que cuantos más bienes adquiera, más feliz será o más éxito tendrá; esto explica (a nivel cognitivo) la adicción a las compras.

Bibliografía

Adicciones psicológicas

Becoña, 2004

Echeburúa (1999)

www.behavioralpsycho.com

www.quiero-puedo.com

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Adicciones conductuales | Psicología Lugo

“Cualquier actividad normal, percibida como placentera, es susceptible de convertirse en una conducta adictiva” (Fernández –Montalvo, 2010).

Introducción

Las adicciones conductuales se basan en que ciertas conductas o hábitos conductuales, aparentemente no desadaptativos, bajo ciertas circunstancias o en determinadas personas, pueden convertirse en una adicción o generar problemas significativos en la vida de la persona.

Utilizar un teléfono móvil, comer, mantener relaciones sexuales, comprar, apostar, hacer ejercicio físico, trabajar, jugar a video-juegos o juegos por Internet… Son comportamientos que forman parte de nuestra vida, por eso es vital diferenciar entre lo que es una conducta que se realiza en una alta frecuencia y una adicción .

¿Cuándo hay adicción?

Hay dos características fundamentales para determinar que una persona sufre una adicción conductual: la falta de control y la relación de dependencia.

En las adicciones se genera una dependencia, una sensación de necesidad “necesito comprar, apostar, hacer ejercicio físico…”. Y con respeto a la falta de control, la persona no realiza la conducta desde la planificación, desde la voluntad, desde la racionalidad, desde el “yo quiero hacerlo”, sino que se hace desde la impulsividad. La persona lo vive con falta de control “yo no quería hacerlo, pero al final lo hice”. A veces esta falta de control es difícil de detectar porque una de las características del paciente adicto/a es la negación “lo hago porque quiero o porque me apetece”.

El problema no es lo qué se hace, sino el cómo se hace y el tipo de relación que se establece con esa conducta.

¿Cómo se inician y se mantienen las adicciones comportamentales?

Las adicciones, según Echeburúa, se inician por refuerzo positivo (empiezo porque me gusta, porque me hace sentir bien, porque me genera placer). Pero se mantienen por refuerzo negativo (ya no me gusta hacerlo pero como me siento mal, realizar la conducta me alivia la tensión emocional o me evade de ese malestar). Y así la adicción termina convirtiéndose en un regulador emocional. Me siento mal y como no tengo estrategias para gestionar este malestar, lo canalizo a través de la comida, video-juegos, sexo, deporte, apuestas, etc.

Variables que influyen en la aparición de una adicción

El potencial adictivo o la capacidad de reforzar del objeto: no tiene el mismo potencial adictivo el sexo o jugar al póker que ir a pasear por la muralla.

Los problemas previos de la persona (personalidad, estilo de afrontamiento, autoestima…).

La frecuencia de interacción objeto-persona (y aquí el contexto también influye). Si un juego tiene un potencial adictivo alto, yo tengo cierta vulnerabilidad psicológica a padecer una adicción y yo no tengo acceso a ese juego, va a ser difícil que acabe desarrollando una adicción. Pero si yo puedo jugar cada día, es mucho más probable que se genere la adicción.

¿Se parecen las adicciones conductuales a las adicciones con sustancias?

Sí. Echeburúa (1999) indica las siguientes características entre distintas adicciones:

  • Semejanza de reacciones psicológicas tras la ejecución o consumo. Por ejemplo, el síndrome de abstinencia (me pongo irritable cuando no puedo fumar o cuando no puedo jugar a un videojuego). La tolerancia (cada vez necesito consumir más alcohol para conseguir los mismos efectos o invertir más dinero, apostar más o durante más tiempo para conseguir el alivio del malestar o conseguir consecuencias positivas).
  • Factores de personalidad comunes a las distintas conductas adictivas. Características como la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración o la búsqueda de sensaciones están presentes tanto en las adicciones conductuales como a sustancias.
  • Solapamiento de los mundos sociales y aparición conjunta o secuencial de ambos tipos de problemas. Por ejemplo, las personas con problemas con el alcohol y con las máquinas tragaperras comparten el mismo escenario (bares, pubs, casas de apuestas, etc.) y pueden acabar desarrollando estas dos adicciones.
  • Pérdida de control sobre una actividad que al comienzo resulta lúdica o de relación social.
  • Deterioro gradual en el ámbito laboral/académico y familiar.
  • Rechazo o minimización de la existencia del problema. Se puede ser consciente del problema pero asumirlo implica hacer algo, y si yo no estoy preparada para hacer ese algo, la única estrategia que me queda es negarlo o minimizarlo (porque no me veo capaz de ponerle solución).
  • Similitud de las pautas de conducta en la abstinencia y recaída.
  • La principal diferencia (exceptuando el juego patológico) recae en el objetivo terapéutico. En adicciones a sustancias se persigue la abstinencia total (que la persona deje de consumir totalmente). Pero en las adicciones conductuales (sexo, comida, deporte, trabajo…) no se puede perseguir la abstinencia total. Necesitamos comer, usamos teléfonos móviles, tenemos relaciones sexuales, etc. El objetivo en este caso radica en el autocontrol de la conducta problema. Objetivo, por cierto, mucho más difícil que la abstinencia total. Es más difícil autocontrolarse que abstenerse ya que uno de los factores que define a las adicciones es la falta de control y si hay una falta de control, perseguir el autocontrol así de entrada es complicado (no imposible).

Bibliografía

www.behavioralpsycho.com

www.quiero-puedo.com

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Disfunción eréctil en jóvenes

Los problemas de disfunción eréctil no son solo cosa de hombres mayores, también afecta a chicos jóvenes. No me refiero al puntual y temido “gatillazo” (esto os ha pasado a todos y si tú no los has experimentado aún, vete esperándolo…) sino a los problemas de erección que se repiten una y otra vez.

¿Por qué falla la erección?

En el caso de los adultos mayores, muchas de las causas son orgánicas: obesidad, colesterol, presión arterial alta, problemas de corazón, diabetes, arteriosclerosis, etc.

Pero el origen de los problemas de erección en hombres menores de 40 años suele ser psicológico. Frecuentemente está relacionado con acontecimientos vitales traumáticos (desde un abuso sexual hasta un desengaño amoroso), las falsas expectativas y el temor al fracaso.

Disfunción eréctil en adultos jóvenes

Desconocimiento de los órganos sexuales y de su función.

¿Alguno de vosotros sabe dibujar de un modo acertado los órganos sexuales? Aclaración: no me refiero a dibujar un pene y un par de testículos cual graffiti de contenedor, sino a un esquema más elaborado de las distintas partes de la anatomía de los genitales. Aunque os parezca raro o directamente no me creáis (porque os los veis a diario), la mayoría de vosotros no lo hará bien.

Y si en el tema los órganos sexuales hay desconocimiento, ya ni os cuento sobre el correcto funcionamiento sexual… Muchos hombres creen que tienen que estar siempre preparados, con la escopeta cargada para llegar y disparar. Y, por supuesto, tienen que saber hacerlo todo bien (como si naciésemos aprendidos/as), dominar posturas, técnicas, lametones varios y aguantar, sobre todo aguantar mucho. Porque, ante todo, hay que echar un buen polvo o de lo contrario eres un bicho infecto.

Factores psicológicos

Hay infinidad de elementos psicológicos que condicionan la respuesta sexual: inseguridades, estereotipos, miedos, apegos, comparaciones, etc.

“¿A quién le voy a gustar yo?”

“¿Cómo se va a interesar por mí?”

“Cualquiera es mejor en la cama que yo”

Hay muchos chicos que se preocupan por temas que tienen que ver más con la ciencia ficción que con la realidad. El cine para adultos o lo que cuenta menganito o fulanito crean unas expectativas (de cuerpos, posturas y duración) que no son verdaderas. Como creer que el pene tiene que estar rígido como una tabla durante horas sin que baje ni un poco la erección, valorar solo el tamaño o creer que un buen polvo se reduce solo a la penetración, son ejemplos de las expectativas poco realistas y no correctas que muchos jóvenes tienen. Y si no lo consiguen, ¿qué pasa? Pues una buena dosis de frustración y sensación de fracaso brutal que es caldo de cultivo para desencadenar una disfunción eréctil.

Miedo al fracaso

En la mayoría de los casos, detrás de una disfunción sexual (sin causa orgánica) hay un miedo. Miedo a fracasar, miedo a no estar a la altura, miedo a que no se me ponga dura otra vez, miedo a que mi pareja no disfrute, miedo a que se rían de mí, miedo a que me dejen, miedo a que mi pareja no consiga alcanzar un orgasmo…

El pez que se muerde la cola: el miedo a fallar hace más difícil conseguir la erección.

Inexperiencia sexual

Si aderezamos los miedos anteriores con inexperiencia sexual, apaga y vámonos.

¿Cómo se va a sentir un chico de 18 años que es el único virgen de la pandilla (o por lo menos eso es lo que cree por lo que le han dicho) si no paran de meterse con él porque no tiene relaciones sexuales? ¿Y un muchacho que ha tenido un gatillazo y ya cree que está condenado a cadena perpetua?

Miedo al embarazo y/o a enfermedades de transmisión sexual.

Y si a todo lo anterior le añadimos el desconocimiento en torno a los anticonceptivos (esto sucede aunque estemos en el 2020) nos encontramos con un estupendo cóctel molotov para una disfunción eréctil.

Hay jóvenes que no saben ponerse un preservativo correctamente y en vez de entrenar en casa o de pedir ayuda a las parejas dicen “me resulta incómodo” “con la gomita no es lo mismo”,“no me baja el condón”, etc . Y se arriesgan a mantener relaciones sexuales de riesgo.

Bloqueo de la respuesta sexual

Los complejos (físicos, con respecto a la propia inexperiencia sexual, etc.), experiencias pasadas negativas o el miedo al fracaso pueden generar un bloqueo en la respuesta sexual.

“Si me agarra el paquete o si me baja los pantalones y no tengo una erección, me invento una excusa y me largo porque me da pánico que no se me ponga dura”. Cuando los jóvenes evitan el contacto o las relaciones sexuales, están reforzando la creencia de “no voy a estar a la altura”, “no voy a dar la talla”. Piensan que no podrán tener una relación sexual y al final acaban creyéndolo.

Lo mejor para neutralizar el miedo es ser consciente de que se tiene miedo. Esto no siempre es sencillo y los hay que tiran de «trucos» que más que acercarlos a la solución del problema, lo empeoran… Consumir drogas para desinhibirse, tomarse una viagra antes de salir de casa para ir ya preparados, tomar bebidas energéticas y mil y una estrategias más que lo único que hacen es mantener o agravar el problema. Y es que después de tanto parche y tanto parche la rueda de la bicicleta se queda destrozadita perdida.

Recuerda

Si consideras que tienes problemas de disfunción eréctil, consúltalo (cuanto antes mejor). Es un problema mucho más común de lo que crees.

Psicóloga Lugo

Janet Díaz

Violencia filio-parental: hijos/as que maltratan

La violencia filio-parental es una variante de la violencia intrafamiliar (la que se da dentro del núcleo familiar). Abarca el conjunto de conductas reiteradas de violencia física, psicológica o económica, dirigida de los hijos e hijas a sus progenitores, o a aquellos adultos que ocupan su lugar.

Este tipo de maltrato es una realidad creciente, solo en España cada año se abren más de 4000 expedientes al año a jóvenes por este tipo de delito. Sin olvidarnos de que hay muchas familias que no denuncian por vergüenza, porque no toman conciencia de lo que está pasando, por creencias erróneas “pobrecito/a, lo hace sin querer”, etc.

Características

  • Aunque cueste creerlo, la violencia de los/a hijos/as hacia sus padres/madres es intencionada, consciente y se mantiene a lo largo del tiempo.
  • Con el maltrato, el/la hijo/a busca el control, el dominio y el poder para conseguir lo que desea y salirse con la suya.
  • Provoca en los/as padres/madres la pérdida de autoridad, de autoestima y una frustración en las aspiraciones educacionales.
  • Evidentemente, esta situación de maltrato causa sufrimiento, daño y estrés psicológico.

¿Por qué los/as hijos/as maltratan a sus padres/madres?

  • En muchas ocasiones se ejerce violencia filio-parental porque el/la menor ha vivido situaciones de violencia familiar previas.
  • Patrones educacionales permisivos y sobre protectores. La sobre protección y sobre exigencia simultáneas es una combinación educativa muy peligrosa. Y la falta de normas y límites puede originar, mantener, agravar y/o cronificar la violencia filio-parental.
  • Falta de afectividad y de educación emocional. Si no hay elementos afectivos es muy sencillo que surja la agresividad, sobre todo en la adolescencia.
  • Familias que abandonan las funciones educativas.
  • Ciertas causas sociológicas: entorno que alienta el consumismo, la falta de empatía, el egoísmo, la gratificación inmediata y el hedonismo.

Perfil del hijo/a violento/a

  • Elevada insensibilidad emocional. Dificultad para percibir las emociones, ausencia de conciencia, dificultad para discernir cuestiones morales y éticas.
  • Egocentrismo elevado, búsqueda del propio beneficio sin atender a las peticiones o necesidades ajenas.
  • Baja empatía, ausencia de sentimiento de culpa.
  • No responde a normas, límites ni tiene autocrítica.
  • Ausencia de apego a los/as padres/madres.
  • No hay sentimiento de vinculación emocional.
  • Conducta desafiante con actuación cruel y despiadada.

Fases de la violencia filio-parental

Este tipo de violencia sigue un modelo cíclico caracterizado por las siguientes fases:

  1. Fase de acumulación o tensión: el/la hijo/a va acumulando tensión debido a los enfrentamientos que tiene con sus padres/madres.
  2. Fase de explosión: aquí se produce el episodio de violencia descontrolada.
  3. Fase de arrepentimiento: el/la hijo/a ha descargado la tensión y manifiesta un falso arrepentimiento, aunque no es más que el inicio de la fase de acumulación que acabará desencadenando un nuevo episodio de violencia descontrolada.

Actitud de los/as progenitores/as en las fases de violencia filio-parental

  1. Fase de acumulación de tensión: los/as padres/madres intentan evitar el conflicto con una actitud suave y conciliadora. Esta actitud es interpretada, por parte del hijo/a, como rendición y sumisión y por ello empieza a exigir, a demandar, con una actitud cada vez más hostil y severa.
  2. Fase  de explosión: los/as padres/madres se paralizan, exteriorizando miedo o pena, emociones que agravan la pérdida de autoridad. El/la hijo/a sale reafirmado/a y vuelve a repetir el ciclo.

Bibliografía

fundacionamigo.org

SEVIFIP (2015)


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